viernes, 5 de febrero de 2010

Dos relatos

[Siempre hay sueños y proyectos futuros, y metas idílicas... y momentos memorables que recordamos con nostalgia. Con todo, lo único que existe verdaderamente es el presente. Ya lo dijo Sor Teresa de Calcuta -El mejor momento es ahora; el mejor día, hoy-.
En el afán de conservar en la retina el Carpe Diem, adjunto dos relatos... con el fin único de que tú y yo jamás olvidemos disfrutar cada momento, cada persona, cada ser, cada textura, cada olor, cada sonido... cada caricia, cada abrazo.
]



Relato 1: La letra olvidada, de Christián Warnken, publicada el 29 de octubre de 2009.

Una profesora hizo la clase más hermosa de toda su vida, en el día del paro, en la sala gris del colegio subvencionado, y no tenía por qué. Pero salió feliz de la escuela, silbando una canción cuya letra había olvidado.

El candidato a la Presidencia dejó de hablar por 24 horas, no hizo promesas, y acumuló silencio hasta llenar su mirada de verdad, y perdió tantos votos ese día, que su estratega comunicacional montó en cólera.

El sacerdote se paró en el púlpito y comenzó a confesar toda su honda duda que lo quemaba por dentro y habló de ella como quien habla de lo más sagrado y dejó de predicar en ese tono lastimero y monótono que hacía tan banales las misas de todos los santos días.

El periodista rompió la crónica abyecta que había redactado hace unos minutos y que le significaría unas palmaditas en el hombro de felicitación del editor de turno, y de sus manos salieron titulares inesperados, esperanzadores, noticias que siempre serán noticia. Y ese día el diario se vendió menos, pero el canillita voceó esos titulares como nunca lo había hecho, con una sonrisa que iluminó a los automovilistas iracundos atrapados en el taco.

En el otro extremo de la ciudad, una muchacha miró la soga con la que se iba a colgar de la viga más alta de su casa esa tarde, la extendió y salió a jugar a saltar la cuerda con sus vecinas menores que ella en la plaza. Y recordó la niña que había sido.

Los protagonistas del reality abandonaron su lugar de reclusión y decidieron no ser la carne de cañón del circo de todas las noches, los cómplices del plan de anestesia general de la población. Y dijeron: “La realidad está en otra parte”, y la pantalla quedó vacía unos minutos, y el rating bajó y subió vertiginosamente, mientras un locutor de continuidad trataba de explicar lo inexplicable. Alguien apagó por primera vez el televisor después de muchos años, abrió las ventanas y el cielo de la ciudad se derramó en su pieza, y recordó que las estrellas tenían nombre y experimentó un vértigo que la hizo sentir viva.

El alemán dueño del fundo no disparó contra el joven mapuche, y el joven mapuche no disparó contra el dueño del fundo, y ambos se miraron las caras en un segundo que parecía eterno, y olía a tierra, a sur, y se oyó el silbato de un tren, y se cruzaron de lado a lado unas palabras en mapudungún y alemán, que sonaron como una lengua común bajo la misma lluvia. Y un funcionario público dejó sobre la mesa la factura falsa sin terminar, sintió vergüenza y se asomó a la ventana y vio a un niño que caminaba peinado a la gomina, con su delantal recién planchado, en dirección al colegio a aprender algo nuevo. Y entonces recordó los viejos sueños, que se le habían gastado, y que se levantaron ante él apuntándolo con el dedo. Y quiso salir a la calle con una bandera a esperar que saliera el arco iris, pero sólo pudo ser militante de su propia noche, la noche oscura que espera al hombre que no se miente a sí mismo.

El dueño de la inmobiliaria, entretanto, el día que había coimeado al jefe de obras del municipio, miró su BlackBerry, y no encontró ningún mensaje y se sintió vacío, asqueado. Y no quiso ir al gimnasio a calmar esa angustia insoportable a la altura del pecho, y no llamó a su amante, ni colocó bajo su lengua la pastilla que le anestesiaba el hastío, y bajó desde el ascensor del edificio inteligente y, en vez de subirse a su cuatro por cuatro, se puso a caminar por las calles de la ciudad como no lo había hecho en años.

Y vagó sin rumbo cierto, y se cruzó con muchas caras anónimas (la de un escolar, una profesora, un joven mapuche, un funcionario, una adolescente saltando la cuerda), de las que ya no lo separaban sus vidrios polarizados; escuchó a un canillita vocear un titular increíble, y se sentó en un banco de una plaza pública y silbó una canción pasada de moda, de la que no pudo recordar la letra.


Relato 2: Hoy recuerdo la tarde en que compré mi alma al diablo (era jueves e internet se había caído), de Mauricio Figueroa, publicada el 27 de noviembre de 2009.

Era jueves, e internet se había caído. Ese día, súbitamente, Manuel se acordó de que su madre estaba allí todos los días, detracito suyo, como una niña que espera que se fijen en ella, y se dio vuelta, y la vio viejita, y la abrazó tan largo, intentando recuperar los años que se le habían ido de largo husmeando interesantes blogs y fotologs. Fernando, sorprendido por el mensaje que muy de mañana, a la hora del café, le entregó su navegador ("¡Vaya! Parece que este enlace está roto. Compruebe su conexión a internet."), se dio cuenta de que llovía, y salió como cuando niño a respirar y bucear un rato las gotas, a llenar de ondas las pozas, a cantar con la rana de cemento. Paula, ante el fascinante vacío de su bandeja de entrada, se acordó de repente de la dicha plena que sentía, de niña, cuando corría por su ciudad aguantando la respiración hasta ver que alguien la miraba a los ojos, y propinarle de pecho, directo al corazón, el mejor "gracias por ser" que tenía para dar (en este momento se abre una puerta real... [ese día Paula salió otra vez, y se encontró en su carrera con Violeta, que andaba en lo mismo, sin internet, felicitando al ser por ser] ...y otra puerta metafórica, muy adentro, también se abre). Ulises, abducido del océano digital que navegaba día tras día, sufrió el elegante impacto del horizonte en la mirada, y recordó cómo esa idea le recordaba a su vez a Dios que no es ni cielo ni mar, sino algo entremedio, como la sal que queda cuando el agua y el todo se evaporan.

Ese día yo también recordé. Recordé que tenía alma. Me acordé de que esa alma me constituía y me hacía uno con los demás hombres y mujeres con alma. Me acordé de que el alma no es pantalla ni imagen, sino esencia material. Me acordé de que el alma a veces tiene una sed que ningún mensaje de texto (ningún correo) puede satisfacer, sino solamente un dedo tocando otro dedo, un pecho respirando junto a otro pecho, la sensación de tener una oreja fría pegada a la oreja, en el abrazo sincero del amigo, o el hombro que toca mi hombro, cuando escucho sentado, sin escuchar, palabras sobre palabras.

"¡Ven diablo! Arrímate más pa' cá. Queda espacio.", le dije. "¡Hoy, internet se cayó, y ya no tienes poder (¡Conjuro, oh, conjuro, te pronuncio tres veces! ), ya no tienes poder, ya no tienes poder sobre mí! Te compro mi alma, que barata te la había vendido. Me visto de mí y me muestro tal cual soy, de carne y hueso, humano y frágil. Te cambio estos millones de pixeles infartantes por mi única alma; dejo todos estos megabites por el verdadero yo, el único que tengo. Es jueves, e internet se ha caído." || Cierro los ojos, despejo el corazón y corto la cuerda...

Como si me hubieran sacado sábanas y frazadas de encima en una noche de fiebre, recordé también que me gusta el sol, que no me gusta el talco, que me gusta el olor a humo, que prefiero las manzanas verdes (y antes, de niño, "como una fruta que madura para atrás", las rojas de Afrodita), recordé que hoy, jueves, salía con mi hermano por las calles de mi ciudad a nada más que andar por las calles de la ciudad. Tomé la guitarra y desafiné algunas notas sin vergüenza. Recordé el tiempo, muchos años atrás, en que todos los cuerpos eran iguales, porque el cuerpo cuerpo es y el cuerpo es una fiesta. Recordé que la gente es nada más que gente y que los viejos siguen saludándose siempre (vie-jos-li-bros-vie-jos-con-su-o-lor-y-su-mis-te-rio), tal vez porque nunca alcanzaron a venderle el alma al diablo. Recordé que un cerezo cambió mi mañana, y me acordé de ti, tal vez el recuerdo más importante que tengo.

¡Vete, diablo, vete! ¡El encuentro es lo que importa!

lunes, 1 de febrero de 2010

Lo que me gusta de ti, Marcelo…

Escribo para no olvidar... para recordar (recordari; re: de nuevo, cordis: corazón); para revivir en el corazón los pensamientos, los sentimientos, los ideales, los sueños; para aprender y aprehender [...para revivir los olores ricos... y la sensación del viento y el sol... la textura de una cuerda vibrando... de una tecla... y el fuego de una idea...].


[Esta lista fue escrita, salvo algunos retoques, en septiembre de 2009 en ocasión del cumple 25 de mi Marcelo-amado. Cada día se añaden más y más puntos, en un eterno descubrir del hombre más maravilloso e interesante del mundo.]

Marcelo, mi Marcelo, ya son más de tres años juntos… hoy puedo recontarte, con propiedad, lo que me gusta de ti. Nota: No están en orden de preferencia.

Me gusta lucirte amado, porque eres el más hermoso de todos.
- Me encanta tu olor dulce. En él me zambullo en un mundo nuevo.
- Tu belleza, my handsome Prince, todo tú; cuerpo y rostro.
- La armonía de tu cuerpo entero.
- Tu nariz trapecio, un perfecto trapecio.
- Tu bella sonrisa, amado mío, que realza tu belleza increíblemente.
- Tus pies suaves que rozarán mi cuerpo.
- Tu par de manitas suaves que me acarician entera.
- Esos ojitos brillantes, que me gritan que me aman en cada reflejo.
- Tu sueño permanente, que enrojece tus ojitos y tersa tu rostro.
- Tus orejitas pequeñas y tan armoniosas en tu carita.
- Tu pelo negro y suave, que acaricia a mis manos y me obsequia una propina de olor a ti.
- Tus besos cálidos, húmedos y excitantes.
- Tu sabor dulce, más que la miel, más que el chocolate.
- Esa piel color mate, no muy blanca ni muy oscura.
- Tu altura que me enorgullece.
- Tu regazo que me recibe siempre.
- Tu forma de caminar, tan tuya, tan de mi Principito.
- Tus pasos que te anuncian.
- Tu frente amplia.
- Tu cuerpecito temperadito a la hora de dormir.

- Tus virtudes de hombre ;o)

Me enorgullezco de ti porque eres el mejor.
- Dominas el inglés a la perfección.
- Amas la buena música significativa.
- Podemos ver comedias, pero siempre es mejor un documental o un drama con contenido.
- Hay tiempo para todo, y lo comprendes.
- Tus gustos y pensamientos tienen fundamento.
- Tienes una habilidad increíble para la guitarra.
- Me gusta tu pensamiento de izquierda pacífico.
- Eres responsable y se puede contar contigo siempre.
- Te vistes estupendamente, tu gusto es muy refinado.
- Eres inteligente y tus habilidades son matemáticas.
- ¡Eres un ingeniero!
- Hiciste un máster y quieres seguir estudiando.
- No te conformas con logros académicos (eres más que un mero ingeniero), siempre buscas la consecuencia y la entrega total.
- Eres trabajador y siempre estás dispuesto a ayudar.
- Te interesas por la lectura.
- El acontecer mundial te incumbe.
- Escribes cuidadosamente y revisas todos tus documentos.
- Eres ordenadísimo, oh yeah!
- Tienes competencias sociales, eres capaz de adaptarte fácilmente y tus formas son amistosas.
- Aprecio tu habilidad computacional, para mí es LA herramienta del nuevo siglo.
- Tienes conciencia y responsabilidad social.
- Adoro tus manías perfeccionistas.
- No has perdido la capacidad de soñar.
- Eres capaz de luchar por lo que crees correcto.
- Tu motivación es el amor, y el servicio como parte de esto.
- Eres la única persona que conozco que, a pesar de tener un pensamiento previo, después de una discusión argumentativa, es capaz de cambiar de opinión.
- Reconoces tus errores y te atreves a cambiar.
- Tu amor por tu entorno; tu cariño e interés por esa naturaleza que nos rodea.


Te admiro porque eres íntegro.
- Eres muy respetuoso y cordial.
- Eres humilde y eso te potencia para aprender.
- Enseñas con amor.
- Admiro tu capacidad de perdonar y pedir perdón.
- Tu carácter es manso, dócil.
- Admiro tu fe.
- Tienes el don de optimización.
- Admiro tu amor por todos y tu interés por el necesitado.
- Tus ganas de aprender siempre más.
- Tu sentido del compromiso. Tu apoyo y tu incondicionalidad.
- Tu honestidad.
- Tus caritas al final de las oraciones.
- Tu intento de superación y mejora constante.
- Tu porte, tu prestancia.
- Tu sentido de ubicación innato.
- Tu consecuencia (para con los valores cristianos), diría tu consecuencia del alma, porque es más que sólo de hechos, es de pensamientos, del corazón.
- Porque no tienes mayor apego a las cosas que el amor que sientes por ellas.
- Te admiro porque sufres con el que sufre, y con la injusticia, y eres capaz de trabajar, postergarte y sacrificarte por esta causa.
- Te admiro porque te esfuerzas por ser cada día mejor, por avanzar siempre en los caminos de amor de Jesús.


Te amo porque sabes amarme.
- Eres mi ayuda idónea.
- Siempre estás para mí, eres incondicional.
- Adoro tus jugueteos de Principito, que nos hacen disfrutar todos nuestros segundos. Me encantan tus formas de chiquito.
- Me enternece que seas tan cariñoso, tan tierno, tan dulce.
- Me haces sentir como una reina. Me atiendes, me mimas, me adoras.
- No te cansas de decirme lo hermosa que estoy, ¿estoy hermosa, cierto?
- Me amas hasta el infinito, y me lo recuerdas en cada momento.
- Me amas como me gusta que me amen y como te gusta que te amen.
- Tu paciencia es enorme, puedo equivocarme y aprender.
- Tu interés por escucharme siempre.
- Agradezco tu protección, tu preocupación por mí. Contigo me siento segura.
- Me admiras, por lo que me gusta que me aprecien; mi ideología, mis sueños, mis pensamientos.
- Me valoras por lo que soy y estás orgulloso de mí.
- Me acompañas en mis luchas de ensueño, en mis delirios por cambiar este mundo, y te haces parte de ellos.
- Te preocupas por mi felicidad, y por mis sueños; sacrificarías todo lo tuyo por mí.
- Te la jugaste por mí, te arriesgaste a hacer realidad en mí a la mujer ideal que soñabas.
- Me enseñas, me ayudas a crecer, con cariño, con paciencia... con amor.
- Me enamoras cada nuevo día.

Somos una gran dupla.
- Nos potenciamos, nos ayudamos, nos hacemos crecer.
- Soñamos juntos, nos proyectamos; ¡se vienen las aventuras, Principito!
- No tenemos las mismas virtudes, y sin embargo nos admiramos mutuamente.
- Nuestro olor nació para ser uno, porque pronto seremos uno.
- Nos tenemos una confianza que soy incapaz de describir.
- ¡Vamos a dejarlo todo por los sueños de nuestro corazón!

Todo en ti me hace amarte, mi Fi, TO-DO. Eres el mejor, ¿lo sabías? Te amo. Feliz cumple 25, Marcelo.


Tu Prin-Cesa Carla.

sábado, 30 de enero de 2010

Tres preguntas

[Tres preguntas y tres respuestas sinceras al pasar...]


Lo que me anima/motiva diariamente
- los pequeños gestos de amor (que entrego y me entregan) [...las relaciones son lo que de verdad importa...]
- el propósito de mi vida (deseo cumplir con el sueño primero planeado para mí en el principio)
- la seguridad del amor de Marcelo, principalmente, y de mi familia, y de los amigos verdaderos (amor eterno, apoyo incondicional)

El objetivo de mi vida
- consecuencia (admirar a Cristo y caminar diariamente para ser como él)
- cumplir mi propósito, lo que implica descubrir mis dones... creo que va por amor manifestado en justicia social/mejoramiento de la calidad de vida de las personas e involucra que mis ojos vean/asirme de visión, experiencia, a través de conocer muchos lugares/personas/culturas (lo último constituye un doble objetivo; parte del propósito, sueño personal)
- (Marce:) disfrutar cada momento [...las relaciones son lo que de verdad importa...]

Lo que no me he atrevido a hacer
- dejarlo todo por mis sueños/ideales... por consecuencia (desprenderme de mis posesiones, pensamientos egoístas, postergarme)
- conocer/recorrer personas/lugares (arriesgarme por esto)


Carla, enero 2010.

martes, 26 de enero de 2010

Mi gran dilema moral

[Este blog es un espacio mío... lo siento como un papel que me escucha. Y esta es una nota mal-escrita con el corazón.]

Tengo mil defectos y muchas menos virtudes. Entre los tantos defectos que tengo noto que soy inconcebiblemente exagerada... por lo mismo adoro el realismo mágico de García Márquez y mi pesimismo sobrepasa los límites. Y es que todo lo mido con una enorme vara, una infinita. A lado de mi referencia nada es bueno... y es cierto que se puede mejorar siempre, pero lo mío es más que eso, es algo que me amarga la vida. Y esa amargura de no estar nunca conforme, nunca satisfecha, es un peso con el que lucho cada día. Y lucho de veras, aprendo y desaprendo a medirme, a aceptar, a valorar, a esperar... en una eterna bipolaridad que me consume.

Soy una mujer fuerte, y luchadora y soñadora. Dedico gran parte de mi vida al arte-deporte de pensar (ése pensar "filosófico"), y pienso y pienso y pienso. Me encanta escribir, pero no escribir por escribir, sino escribir por expresarme; lo que me encanta en realidad es expresarme. Y en esa necesidad ardiente de decir lo que pienso, hoy escribo y confieso el dilema moral que me devora las entrañas.

Quién me ha leído, entrelíneas ha husmeado en mis ideales, en esos sueños que la vida me regaló. Con esos ideales en la retina me esfuerzo por conciliar el sueño, y no puedo. Y me turbo, y así se me pasa la vida.

El recuerdo de Jesús, Gandhi, el Che, el padre Hurtado, y Felipe Berríos... hombres que vivieron (y murieron) por sus ideales, que lo dejaron todo por amor, me atormenta todos los días de mi vida y me reclaman consecuencia. Hablo de una consecuencia de verdad, una medida con mi vara... una que me lo exige todo.

Y decidí dejarlo todo, optar por consecuencia. Olvidar la cobardía, soltar las amarras, los convencionalismos, los sueños mal-soñados de otros, los seguros de vida... No más egoísmo, es tiempo de amar de verdad.

Adjunto un poema escrito y "publicado" por un amigo, Marco Ñanculeo. No hace falta agregar nada más.


Carla.


Hoy es tan grande mi dolor, Marco Ñanculeo.

Hoy es tan grande mi dolor
y esta culpa, una suma que no cesa de expandirse;
por tanta humanidad abortada
por tantos gestos, miradas, abrazos y silencios no cursados.

Hoy comparto la pena de César Vallejos, de Pablo de Rokha, de ser indio americano
de aquel viejecillo, hermano mío, que terminó viviendo en la i n – t e r p e r i e
bajo los balcones de hombres y niñas que sueñan con Paris y DiCaprio.

Hoy no tengo preguntas, solo vergüenzas;
de amanecer sobre una cama esperando que mi cántaro se colme de luz
de caminar por calles y esquinas evitando el roce y la mirada de los otros
de bajar y subir a no se que sitio
de escalar hacia no se que raíz
de converger a lo privado
de planificar mis panes, mis citas, mis piadosas sesiones de evangelio
de ocupar un lugar para que otro se limite
de soñar aberraciones, mientras otros cuentan sus pobrezas
de huir de tantas, propias y ajenas, miserias
de posar la mirada en las ideas, las políticas, en las revueltas partidarias,
en una que otra mujer, en las apuestas.

Me pone triste saber que debo coexistir con odios y misiles
con hombres que calculan y persiguen con radares
con policías y prisiones
con canciones censuradas
con pueblos usurpados
con mujeres agredidas
con niños Haitianos, Pehuenches y Afganos.

Pero lo que más duele es
constatar que resulta difícil zafarse de esta inercia
caminar y ver sólo hasta más acá de las propias fronteras
pasar de largo este segundo que reclama urgente la paz desde tus ojos
sacar del centro al mendigo, a un niño, al mismísimo Cristo
afanarse en miserables vocaciones
sin descubrir jamás que sólo son geométricas alegorías de la muerte.

jueves, 7 de enero de 2010

Mi Dios

[Nada más que pensamientos... en bruto.]

Mi Dios es un dios de amor, está lejos de ser un Dios airado y castigador. Mi Dios se hizo hombre hace mucho y vino a mostrarse a través del rostro de Jesús. Mi Dios no "pagó mi precio", porque él no buscaba pagas, no estaba sediento de sangre ni mucho menos, mi Dios se entregó por amor, por amor a mí, para que por fin lo conociera de verdad y supiera que ni aún en las peores Él me abandonaría, para mostrarme que es más poderoso que todo y que todos, incluso más poderoso que la muerte, que para nosotros es infranqueable.

Mi Dios me enseñó a temerle lo que, lejos de significar miedo, significa respeto. No quiere castigarme, quiere amarme y educarme, le interesa que yo crezca, que me supere, y que cumpla con mi propósito en esta enorme obra de amor que no entiendo aún que fin tiene.

Mi Dios no es un dios terrorista, es un Dios de amor. No creo en él por miedo a un castigo eterno ni a cambio de un premio deseado; creo porque me ama y porque me lo demuestra.

Dios no es un dios de imagen de padre autoritario y castigador, mi Dios en un padre que enseña, que enseña con amor. Mi Dios implica disciplina, que en su más puro significado se refiere a enseñar desde el ejemplo, desde el ejemplo de Jesús.

Mi Dios no es un dios discriminador, es un dios inclusivo, es un dios para todos. Mi Dios no puso a algunos sobre otros, nos hizo a todos iguales, ninguno es menos que otro.

Mi Dios no es autoritario, nos regaló la libre elección. No es egoísta, es para todos...

Mi Dios vino a mí a través de Jesús, y se mostró en su rostro invitándome a seguirle, no a "aceptarle". Mi Dios no pretende obligarme a creer en Él por miedo; me invitó a seguirle con amor.

Nunca acepté mi condición de pecadora infame, ni me reivindiqué por "mi condenación eterna"... yo simplemente supe que muchas cosas que hacía estaban mal, y decidí seguir la doctrina de Cristo, la doctrina del amor. Y Dios me mostró su amor y yo lo reconocí en él... no le conocía, pero Él me invitó a establecer una relación... -En el camino vemos, tú sólo sígueme...-, sentí que me dijo.

Y así ha sido, desde el momento en que decidí seguirle mi vida cambió... porque ahora me mueve el amor, el amor a Él, y a todo y a todos...y sé que estoy en lo correcto. Cada día lo conozco más, y cada día me sorprende más. Y hay mil cosas que todavía no comprendo... pero que Dios me enseñará en el camino; porque mi Dios me recibe con todas mis interrogantes y jamás se enoja a causa de mis dudas.

Yo no soy de los que creyó por miedo, miedo al infierno ni por deseos de vivir por siempre. La vida eterna es un misterio para mí, Dios no me ha contado nada de ella por ahora [respecto al tema siento que me dijo "de nada sirve preocuparse", ver la parábola] ...y no me importa, porque al vivir con amor está todo saldado... y los que dejan huella, viven por siempre.

Yo creo en un Dios de amor, un Dios del que no puedo hablar demasiado, porque me falta mucho por conocer. Un Dios que siempre está conmigo, que me apoya, que me orienta. No me abandona, siempre está.

Y el camino de Cristo, el camino del amor, no es fácil... difícil dejar el egoísmo, dejarse uno de lado y pensar en lo más conveniente para los demás y para todos. Y me equivoco, me equivoco tanto que la imagen de Cristo queda por el suelo. Pero a Él no le importa, a pesar de que me haya equivocado para con los suyos y para con su creación, a pesar de que haya dañado... y me arrepiento, y deseo no haberlo hecho, y me recibe y me ama nuevamente y para siempre... como si nada hubiese pasado nunca, porque mi Dios es un dios de amor; Él perdona y olvida.

Mi Dios es amor, y en la perfección del amor es justo, verdadero, es justicia, es igualdad...

Mi Dios me regaló grandes regalos, me regaló vida, me regaló la capacidad de elegir y discernir (libre albedrío), y me regaló su amor.

Mi Todopoderoso es el Dios único, el real. Me invitó a ser parte de su obra con amor y acepté, y hoy estoy a la espera del propósito que concibió para mí en el principio. Un propósito que si lo busco, sin duda lo encontraré, porque mi Dios no se esconde.

Mi Dios es un Dios justo, uno que desea lo mejor para su pueblo, uno que reparte bien, y que obra con justicia.

Mi Dios es un Dios que vino a este mundo, que se hizo debilidad humana y que nos mostró el camino, un camino de práctica (no teoría), un camino en el que lo que importa son las personas. Mi Dios hace su obra aquí, en el mundo real; aquí y ahora.

Yo no soy de los elegidos, soy igual que todos... porque Dios nos amó, nos ama y nos amará a todos de igual manera.

A mi Dios le hablo, y Él me escucha. Le pido que me aconseje y lo hace. No siempre sus caminos son los míos, pero estoy dispuesta a oír su voz y a obedecerle, porque siempre sus planes son mejores que los míos.

No soy una gran persona (estoy lejos de eso!) pero todos los días me despierto intentando (con todo el corazón) ser mejor que ayer, con ganas de acercarme más a Cristo, con ganas de ser más consecuente, más solidaria, menos orgullosa, más humilde. Por eso me siento cristiana, porque sin ser mejor que nadie intento superarme todos los días y vivir según la doctrina del amor.

Y Dios me acompaña, me acompaña todos lo días de mi vida.


Yo, la que intenta seguir a Jesús...

lunes, 4 de enero de 2010

El Chile que soñamos vs. el Chile que soñaremos

Hace veinticinco años el Chile que soñábamos era un Chile libre, un Chile democrático, un Chile justo.

[Sí, podría haber partido de hace más tiempo mencionando, qué se yo, la independencia, el derecho a voto universal... decidí partir por algo de lo que pueda dar testimonio.]

Hace quince años soñábamos un Chile global, abierto al mundo, y con una mejor justicia. Hace cinco, luchábamos por una reforma previsional, mayor protección social y derogar la famosa LOCE para empezar a conversar respecto de la mejora en el acceso a la educación y en la calidad de la misma.

Hoy, años después, el Chile que soñamos no es el mismo. Hoy soñamos mejorar. Somos libres, pero no lo suficiente. Todavía en Chile, ad portas del bicentenario, los homosexuales y las lesbianas son discriminados... ¡ni siquiera se pueden casar! Todavía los grandes "monarcas" parlamentarios creen que tienen el derecho divino de decidir acerca de la sexualidad de la gente. Aún la píldora del día después no se distribuye igualitariamente y a destajo... aún no legalizamos el aborto, ni siquiera el aborto terapéutico.

Y me detengo para enfatizar que soy cristiana, pero que no pretendo imponer mi religión y mis credos a medio mundo. Independientemente de mis creencias y posturas personales, creo que los demás tienen derecho a creer (en el sentido religioso) lo que quieran. Eso es lo que muchos no entienden, no entienden que la libertad de uno termina donde comienza la del otro. El problema crece cuando quienes no entienden esto son, justamente, quienes toman decisiones.

Hay cosas peores, sin duda... la educación pública es un asco, la mayoría de los profesores exige, pero entrega poco y no está dispuesta a someterse a evaluaciones. Para qué referirse a la brecha existente entre los ricos y pobres en nuestra patria; horrible, lo que da cuenta del egoísmo permanente de la humanidad. La salud pública es avergonzante... con el auge ha mejorado un poco, pero el monopolio farmacéutico y las desigualdades no nos permiten avanzar. Ni hablar de las cifras de desempleo y del creciente aumento en la delincuencia. La cultura, entiéndanse libros y cd por ejemplo, son excesivamente caros, mientras que los vicios, como el tabaco y el alcohol, no son justamente "castigados". El sistema es hostil para con las pymes que reportan la mayor cantidad de empleos a nuestra gente. Irónicamente, no hemos legalizado la marihuana que es, a todas luces, un alucinógeno menos dañino que el cigarrillo. ¡En Chile todavía la mujer gana menos que el hombre por el mismo trabajo!

Y esto no se trata de convertir a todos al socialismo. En Canadá y en la mayoría de los países desarrollados de Europa, la salud y la educación públicas son de lujo, y son prácticamente gratuitas. Son socialistas, sí, pero lo son porque la salud y la educación son derechos básicos... para qué hablar del agua, la energía, etc. Y en dichos países el gobierno no se opone a estos "servicios socialistas", porque el pueblo los considera justos independientemente de la tendencia política, los considera un derecho de todos, no de los pocos que tienen plata y suerte. El carácter socialista de estos derechos no se cuestiona por ninguna tendencia, no es un tema a discusión, es una cuetión de principios globales.

Y Chile está en pleno camino al desarrollo, no hay que olvidarlo. Esperemos que se vea mayoritariamente influenciado por Canadá y Europa, más que por los capitalistas estadounidenses que no tiene corazón y que sienten por el bolsillo.

Y yo, en particular, deseo para el Chile de veinticinco años más la nacionalización del cobre, del agua y de la energía eléctrica... y la inscripción automática y el voto voluntario. Y que a los profes les paguen mejor, y que les exijan más... y que sean efectivamente mejores, que su profesión sea valorada.

En el Chile que soñamos para veinticinco años más todos se pelearán por matricular a sus hijos en las escuelas fiscales y atenderse en los hospitales públicos, y ese día el agua será de todos y las elecciones se ganarán por mayoría, y los vicios serán más caros y las necesidades más saciables.

Ahora con convicción (para darle impulso a la cosa, digo yo). El Chile de veinticinco años más será un Chile desarrollador de tecnologías, un chile generador de conocimiento, un Chile tecnológico, un Chile menos burocrático. Un Chile manufacturero y no un exportador de materias primas. El Chile de veinticinco años más será un Chile desarrollado.

En fin, esto no pretende transformarse en una crítica al país actual ni en una enumeración de sueños (porque soñar no cuesta nada, ¿no?)... lo que pretendo es transmitir que, en veinticinco años más, los sueños de hoy ya no los que soñemos mañana... parece natural decir esto, casi obvio, pero no lo es, no del todo. Intentemos imaginar con los pies en la tierra cómo será el Chile que soñaremos en veinte o veinticinco años más.

Y me atrevo a aventurar un par de cosas. Creo que, para entonces, el Chile que soñaremos será un Chile más limpio (entiéndase menos contaminado), más sustentable, más ecológicamente responsable, con mayor biodiversidad... un Chile más energéticamente potente, un Chile menos discriminador (a una escala refinada).

Y si la mayoría somos capaces al menos de evocar un Chile que soñaremos en veinticinco años, y lo evocamos más ecológicamente responsable, con menos delincuencia, ¿por qué cresta seguimos construyendo centrales como las que construían en los países desarrollados en los años 40'? Seguimos construyendo cárceles, y estacionamientos subterráneos en las ciudades...y en Europa siguen cerrando cárceles y craneando soluciones para descontaminar/descongestionar las grandes ciudades (peajes, elevados "parquímetros", combustibles carísimos respecto a pasajes de locomoción colectiva).

Hace más de quince años una profesora me enseñó la importancia de estudiar la historia -Estudiamos historia para no volver a cometer los errores del pasado-. Sin embargo, hoy me parece que no lo practicamos.

Y se me vienen a la memoria las palabras de Bolívar -¡Déjennos (a los latinoamericanos) vivir nuestra Edad Media tranquilos, carajo!-. Ante lo que aclaro: mi crítica no es a mi Chile actual por no ser desarrollado; es a los incompetentes egoístas que no son capaces de proyectarse y que privatizaron el agua y la educación, privatización que dentro de diez años (¡tengo fe!) querremos liquidar.

Cuando tomemos decisiones, proyectémonos, por favor. Sentémonos a pensar en las condiciones de hoy y las del mañana. Cotejemos lo que es factible hoy con lo que será plausible mañana. Y, por favor, dejémos nuestro egoísmo de lado y pensemos en los demás... pensemos en los más débiles, los más humildes, los más necesitados, en las futuras generaciones.

Adelante, con todas las fuerzas de la historia.


Carla, la socialista, la visionaria, la ecológicamente comprometida.

domingo, 3 de enero de 2010

Del amor y otros milagros

[El título es un nanohomenaje a García Márquez, mi escritor favorito.]


[Este trozo se refiere al amor de pareja. Podría decirse que me referiero al amor (te amo) y no al cariño (te quiero). Notar que en inglés es una sola palabra: love.]

Encontrar a tu compañer@, amarl@, casarte. Difícil. Acá desvaríos, nada más que desvaríos atingentes al tema.

Puede ser que te enamores de una persona ideal y que cumple todas, todas-todas tus expectativas. Genial. También puede ser que eso no se dé. En ese caso, ¿esperar porque Dios tiene a alguien ideal para ti, tu media naranja perfecta?

Una sabia amiga dijo una vez a alguien cercano -Dios no te pondrá en una situación tan difícil. Él no te pide que reconozcas en todo el universo a la única persona designada para ti-.

Y está lo que dijo Felipe Berríos alguna vez -Atrévanse a hacer realidad a esa persona ideal que siempre soñaron. Aterricen ese ideal que no existe y que continúan buscando. Háganlo realidad, atrévanse a aceptarlo con sus defectos y virtudes-.

Con todo, lo más sensato me parece creer que, en efecto, Dios no tiene una única persona ideal para mí en algún lugar del universo, que han de existir varias alternativas. A lo mejor me equivoco, claro está.

Yo soy de las que no creían en relaciones. Jamás encontraría el hombre ideal del cual creía que me enamoraría. Para ser franca yo esperaba un Che-Guevara, un Miguel Enriquez. No encontré a ese que buscaba, pero fui bendecida con uno mejor (y sí, en particular, estoy enamorada). Uno para quien el amor, el amor verdadero por todo y por todos es lo primero en la vida. Uno justo, uno sabio, uno consecuente. Mi hombre es un idealista. No es un extrovertido y pomposo orador... pero su corazón es un pacifista, un justiciero. Sus huesos no son rojos, y no es fiel a una mera convicción, como a veces tiendo a serlo. Es un hombre que lucha por lo que está más al fondo, y en el fondo de todos los ideales que tiene y que tengo está el amor...

Y me atreví. Me atreví a no encontrar eso que pensé que no buscaba porque no existía. Me atreví a aceptar ese ideal que no existía y hacerlo real. No es fácil. Nadie es perfecto, ni él, ni yo. Pero, en medio de todo, estamos nosotros... que nos amamos, que seguimos a Jesús. Y sí, es difícil adaptarse, aceptarse. Es difícil enfrentar cuando ese enamoramiento que enciende las extrañas evoluciona a algo diferente... y ese enamoramiento-apasionadamente-loco dura poco, contra nuestra voluntad. A nosotros nos costó, y más porque nuestras culturas familiares son tan diferentes, sin embargo, como si fuese una fantasía hecha realidad, lo logramos... porque cuando hay un mero problema recordamos, por sobretodo, cuánto nos amamos.

Lo que sí creo es que, para casarse, hay que enamorarse. No me refiero a eso loco del principio. Me refiero a decidir amar, enamorarse es decidir amar y asumir la realidad. Yo misma conozco un par de personas que están casadas y se aman infinitamente. No me parece que al principio, cuando recién se conocieron, hubiesen estado enamorados hasta "los pies", pero sí me parece que hubo una decisión de por medio, ¡y resultó de lujo!

El problema es cuando ya estás enamorado, enamoradísimo. Y tomas la decisión y te casas pensando, como yo, que nadie en el mundo puede ser más perfecto para mí que Marcelo. Y construyes. Y luego aparece alguien más. Otro mejor, otro más ideal... pues en ese caso creo que hay que parar dos segundos a pensar. El enamoramiento es pasajero, el amor se demuestra con el tiempo. Yo no tomaría decisiones apresuradas por sentirme enamorada... es pasajero, hay que recordar.

El dilema anterior es mucho más grande cuando no te has enamorado nunca, ¿acaso por un infortunio de la vida uno está condenado a no amar verdaderamente nunca? Me explico. Te casaste con alguien que te gustaba sobremanera y decidiste amar... o sea, nunca te enamoraste y luego aparece la persona "ideal", una mucho más perfecta para ti que tu elección anterior...

Y también está el dilema de cuánto esperar a "alguien". Situándonos en mi mundo, un mundo de cristianos (entiéndase abstinentes). ¡Para qué estamos con cosas! Siempre es mejor entregarse, amarse, más joven. Bueno, pero esto es "vanidad" al lado de lo relevante de la decisión, ¿no?

A veces pienso que Dios nos bendice a todos de maneras distintas en esta "lotería" de la vida. A algunos da mayor inteligencia, a otros ternura, a algunos enfermedades, a otros dinero, o bien logros, a veces tristezas. Puede ser que a algunos les toquen mejores amores que otros, ¡no podemos ser tan afortunados/desafortunados todos!, ¿no?

No creo que necesariamente haya que estar enamorado para iniciar relaciones. Ni creo que haya que iniciar relaciones solamente con personas que cumplan requisitos para ser tu compañer@ de vida. Lo que creo es que al establecer relaciones se conocen personas. A lo mejor no te tocó enamorarte como loco al principio, quién sabe.

Yo creo que Dios nos habla. Yo creo que Dios está en nuestros corazones. Él, si se lo pides, te guía. A lo mejor no nos toca a todos el premio en "la lotería del amor", pero siempre quiere lo mejor para nosotros. Hay compañeros para todos, creo yo. No los ideales, los que estamos dispuestos a hacer realidad.

Bueno, al final de todo creo que tengo claras tres cosas:

1.- No hay personas ideales, hay personas reales.
2.- Para casarse, hay que casarse enamorado (a primera vista o por decisión, who cares).
3.- Decir te amo y demostrarlo me tomará toda una vida.

Raya para la suma. Soy una suertuda, una afortunada, una bendecida. Ya no busco más, como dice Marcelo. Ahora, desde hace cuatro años, construyo.

Me tocó "la lotería del amor a favor". Entonces, no es suerte, es bendición.


Yo.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Adiós 2009, Bienvenido 2010



[Hace 2 años escribí algo en este mismo espacio, lo de hoy es muy parecido... salvo que estoy más vieja y menos "wena"... y digo menos "wena" porque cada día al crecer, me percato de que también me hago más pequeña. Mientras más grande concibo el universo, más pequeña me siento yo. Los más fuertes, siempre son los más débiles; los más débiles, los más fuertes. Así también mientras más conozco, más crece lo que conozco que no conozco.]

El 2009 horrible en cuanto a logros, ninguna cosecha, eso desanima a quién acostumbra cosechar. De puras amarguras, "por ahora"... tiempo de esperar en Él, creo humildemente, y esperar es siempre difícil. Pero también tiempo de afiatar relaciones, con los amigos y con Él, con ese Jesús de quien nos hemos enamorado hasta "los pies".

Y cito a mi Marcelo -Dos mil nueve... no fuiste muy gentil conmigo, pero te despido con respeto; anda a tomar tu lugar en la historia. Espero conservar las lecciones aprendidas de por vida, y comprender más adelante, mirando desde un lugar más alto, lo que hoy me parecen desventuras-.

Y se viene el 2010. Nueva etapa, nuevas sorpresas, nuevos olores, nuevos sabores, nuevas texturas, más desafíos. Como siempre, tengo varios planes/deseos para este nuevo año (¡no me alcanzará la vida!, como dice mi madre). Esta vez son de crecer, de crecer, de crecer, de amar, de amar, de amar. De ser más como TÚ. Espero que los planes que salgan a mi encuentro se traslapen con el camino que fue planeado divinamente para mi vida, mi misión primera, mi propósito.

Entonces lo repito, como hace dos años atrás. Mis mejores deseos para este nuevo período que comienza. Una nueva oportunidad para empezar de nuevo, para superarnos, para ser mejores, para progresar. Es curioso que el Grandioso nos regale infinitas oportunidades de cambio, de superación...creo que el amanecer de cada día simboliza en cierta medida esas infinitas oportunidades, o la resistencia tal del ser humano que le permite levantarse al caer, el renacer de las estrellas, la recuperación de las enfermedades, el despertar después de un largo sueño, el sentimiento de perdón...

Sigo soñando, sigue soñando, sigamos soñando. Porque este mundo pronto va a ser como lo soñamos (más justo, más libre, más solidario, más humano) y para eso hay que trabajar.

Un abrazo, el correspondiente abrazo.


Carla, la de siempre (salvo que menos "wena").

PD: ¡Lista para las aventuras! ...como siempre, Marcelo mío.

martes, 1 de diciembre de 2009

La palabra

[Nada más tengo ganas de compartir mi poema favorito... Neruda, grande entre los grandes...]

Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío…

Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

sábado, 3 de octubre de 2009

Cristiana, socialista y revolucionaria


Me defino cristiana porque mi vida está guiada por los valores de Cristo. Son el amor por todo y por todos lo que motiva y sustenta mi existencia. Es el amor el fin último (en el sentido del "más esencial") de mi vida.


Desde que recuerdo mi pensamiento se definió socialista. Lucharé siempre por la justicia, la igualdad de oportunidades y derechos de todos. Si los seres humanos no fueran tan egoístas cada uno de nosotros podría vivir sólo son lo necesario, y así alcanzaría para todos. En cambio, después de haberlo intentado, la historia nos dejó un sabor amargo y la certeza de que la igualdad, esa igualdad verdadera, no será nunca más que una mera utopía. Pero la utopía ha deseguir viva para siempre, para que jamás se apague la llama de la solidaridad que nos atrae hacia ella en este mundo congelado.

Soy una revolucionaria. No le temo al cambio y lucharé por mis sueños y por mi gente, hasta el último segundo de mi vida. No tengo miedo, haré todo lo que esté a mi alcance para lograr un mundo mejor, donde los niños crezcan sanos, libres, contentos, seguros. El sueño, mi sueño, es un mundo donde el amor sea el sentido de todo.

Con el corazón en la mano,

Carla.

viernes, 11 de septiembre de 2009

No daré un paso atrás...



"Yo les digo a ustedes, compañeros, compañeros de tantos años, se los digo con calma, con absoluta tranquilidad: yo no tengo pasta de apóstol ni tengo pasta de mesías, no tengo condiciones de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea, la tarea que el pueblo me ha dado. Pero que lo entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer a la voluntad mayoritaria de Chile: sin tener carne de mártir, no daré un paso atrás; que lo sepan: dejaré La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera."


"Les pido que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada y que esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile y cada vez más justa la vida en nuestra patria."

viernes, 1 de mayo de 2009

La soledad de América Latina

La soledad de América Latina, Gabriel García Márquez
[Discurso de aceptación del Premio Nobel 1982 -Texto completo]

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonios más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.

Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.

De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega.

Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.

Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.

No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.

América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.

No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

Un día como el de hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.

Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.

En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias.

viernes, 17 de abril de 2009

Discurso Graduación EMPRENDO 2009


Discurso Carla Coronado, Graduación EMPRENDO – 17 abril de 2009


Quisiera saludar, primeramente, al Sr. Rector, al estimado profesor Pedro Vera, a las autoridades presentes, a mis queridos profesores, a las visitas, a mis compañeros y amigos, y de forma especial, a mis padres, que hoy se encuentran presentes:

Carla Coronado Leiva, ése es mi nombre.

Actualmente soy una estudiante de sexto año de Ingeniería civil Electrónica y curso en paralelo el Magíster en Ciencias de la Ingeniería Eléctrica. Estoy aquí para dedicarles unas breves palabras, para hablarles del tan querido EMPRENDO.

Sin duda es un programa que impacta, no sólo por las estadísticas y evidencias que manifiesta, sino también por la nueva visión que propone. Se plantea una nueva forma de formar. Se explican las bases de un nuevo modo de ver la vida. La razón por la que escribo estas líneas se sostiene en el impacto que causó en mí el motivo de un equipo de personas para hacer emprendimiento educando emprendedores. Más allá de una alternativa laboral, de la posible ranura a la riqueza, de una asignatura complementaria o de expandir la economía; la verdadera razón de cultivar el emprendimiento. Así es que, he titulado este escrito El porqué del emprendimiento.

Un tarde de verano, en los albores de la niñez, una profesora me explicó la importancia de la historia en la vida. Fue un concepto que cambió mi perspectiva minúscula de niña pequeña. Con o sin percatarse esa mujer de duro carácter, ya entrada en años a mi parecer de entonces, me abrió los ojos y me ató un par de alitas a la espalda. Ése día, atónita, perpleja, contemplé cómo mi vida cambiaba en torno a un simple concepto. Estudiamos historia para aprender de nuestros ancestros, de su experiencia y de los errores del pasado, para evitar cometerlos de nuevo.

De ésas experiencias he vivido muchísimas. En casa y en los centros de desarrollo a los que he asistido a lo largo de mi proceso de formación. Muchas veces me han abierto los ojos y las puertas a un mundo nuevo. Cada segundo, cada día, cada etapa de la vida, me enseña nuevas perspectivas, me abre el camino y modifica mi modo de andar. Un día me colé en una clase ajena en la que me explicaron un concepto visionario; la vida es como una esfera, una burbuja, una atmósfera que te rodea, al principio esta atmósfera esférica que te circunda tiene poco radio, pero cada vez que aprendes, que vives una nueva experiencia, esta atmósfera se expande inequívocamente -cada vez que aprendes algo tu universo se expande, tu visión se amplía, y te surge la necesidad de adquirir más y más conocimiento-. Hoy, el profesor Pedro Vera resume este concepto: se aprende para ampliar la capacidad de aprender y se cambia para ampliar la capacidad de cambiar. Pero, la pregunta es, ¿para qué tanto conocimiento? ¿qué es lo que necesito cambiar?

Aunque parezca increíble contrasto esto con lo que creo es la misión y el porqué del ser humano en este mundo; aportar al bien común. Un gran maestro intentó explicarlo hace muchísimos años atrás ?ama a tu prójimo como a ti mismo? decía. Ésa, querido lector, es la clave del bien común, de la perfecta armonía de esta obra maravillosa que es la humanidad y su entorno. Otros maestros de la historia lo han enseñado también y han luchado por la perfecta armonía de los pueblos. El gran visionario Carlos Marx sugirió el socialismo científico, notable filosofía que se construye entorno a una sociedad primeramente solidaria. Voltaire, Russo y Montesquieu lucharon por la democracia en Francia, política planteada en la antigua Grecia que constituye el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Hoy, muchos siguen luchando. No hay que ser cristiano, ni socialista, ni revolucionario (atributos que sí tengo) para comprender el objetivo de las sociedades y los gobiernos de hoy; lo que nos sustenta es aportar al bien común.

Se busca el bien común. Se busca la democracia como estilo de vida. Se busca el respeto y la solidaridad, respeto y solidaridad que carecemos. Necesitamos perseguirlos hasta encontrarlos. Con el estilo que se ha llevado ya no funcionó. El modelo económico no sirve. Necesitamos uno nuevo. Para descubrirlo, necesitamos cambiar nuestro clásico estilo egoísta de actuar y nuestro asqueroso estilo egocéntrico de pensar. Necesitamos cambiar para comprender que es lo que nos hace falta cambiar. Necesitamos aprender para poder aprender aún más. Necesitamos mirar con otros ojos desde una nueva perspectiva. El mundo, nuestro mundo, está evolucionando. Algún día, más temprano que tarde, dejará de desentenderse de la injusticia, el atropello y el abuso. Necesitará nuevos actores. Estamos viviendo una verdadera revolución y está en nuestras manos ser los protagonistas de ella. Poco a poco se ha ido tomando conciencia de que se debe cambiar. Nos hemos percatado de que no estábamos avanzando y que para avanzar necesitamos un nuevo enfoque.

La sociedad de hoy no es la de antaño. El medio demanda nuevos y mejores profesionales, nuevas y mejores personas. Ya no tienen cabida los profesionales que son sólo especialistas técnicos. Ahora se buscan profesionales con nuevas competencias ?además de aquellas vinculadas directamente a la especialidad disciplinaria y al conocimiento técnico? relacionadas con el desarrollo personal, el entorno y la sociedad. La sociedad que se necesita, la que el mundo está demandando está formada por profesionales integrales. Personas capaces de conocerse, insertarse y realizarse conforme a sus emociones, a sus sueños y a sus aspiraciones en este escenario cambiante. Se buscan personas distintas. Se necesitan personas distintas. El perfil que se busca se ha llamado emprendedor.

Algunos definen emprendedor como una persona, con suficiente autoconocimiento, motivada e informada, para desarrollar sus sueños en forma proactiva e innovadora en los distintos ámbitos del quehacer económico y social, con competencias y habilidades para trabajar en red con otros y producir impactos positivos con su accionar. Un emprendedor constituye una persona y un profesional integral.

Nuestra sociedad, nuestro entorno inmediato necesita emprendedores. Queremos un Chile mejor. Un Chile desarrollado. Una nación más justa y solidaria, donde todos los ciudadanos vivan libres con garantía y respeto pleno de sus derechos. Chile nos necesita. Chile necesita emprendedores. El emprendedor no sólo es una persona de formación integral, visionaria y luchadora, sino un perfil profesional capaz de sacar un país de la injusticia y el subdesarrollo. Nuestra nación necesita profesionales que, con su formación, creen nuevos empleos, gestionen influidos por buenos valores y nos conduzcan al desarrollo, no me refiero al egoísta estilo de vida norteamericano, hablo de un desarrollo sano, con mejores condiciones de vida y respeto por el ambiente. Queremos una sociedad justa, queremos un sistema de salud solidario, queremos confiar en nuestros dirigentes, queremos más y mejores empleos, queremos distribución equitativa del ingreso. Ése, señores, es el Chile que queremos.

Para lograrlo necesitamos motores, personas que se atrevan, y que actúen influidos por la cultura del emprendimiento, con una nueva mentalidad, una nueva visión. ¿Cómo conseguir futuras generaciones distintas si nuestros hijos son hijos de los mismos de siempre? Si, además, los educadores de nuestros hijos son los mismos de siempre, y los dirigentes son los mismos de siempre. Chile clama por visionarios. Chile está pidiendo a gritos nuevos profesionales, nuevos dirigentes y nuevos educadores. Si otros lo han logrado ¿por qué nosotros no? Si otros tienen salud buena e igualitaria, si otros tienen distribución del ingreso más justa, si otros tienen mejores educadores… Hace más de veinte años un hombre clamó por una oportunidad para América Latina, lo hizo de blanco en una ceremonia inolvidable. Lo hizo por amor, para que todas las estirpes condenadas a cien años de soledad tuviesen una segunda oportunidad sobre la tierra.

La nueva pregunta que surge es ¿cómo lo logramos? La respuesta es simple: educando. Necesitamos educar diferente. Necesitamos proporcionarle a la gente las herramientas para pensar diferente, que puedan ampliar su mirada, atarle a todos alitas de plata y que vuelen. Necesitamos gente que crea, que se la juegue y que eduque diferente. Que entienda que lo que requerimos no son meros especialistas, sino personas, visionarias e integrales que nos ayuden a levantar la bandera del desarrollo. Chile necesita formadores.

Nuestro país está cambiando. Si soñamos que mañana llegue a ser diferente tenemos que trabajar. Así conseguiremos que pronto nuestra nación viva verdaderamente la democracia, donde el poder se traslade desde los nichos de riqueza del país a las urnas, a las papeletas de votación. Un cientista manifestaba, hace poco, que el poder de un pueblo radica en su capacidad de protestar, de movilizarse. La opinión de un pueblo, manifestada, generará una revolución que hará cambiar las cosas. Para que un pueblo tenga conciencia de su poder, debe ser educado. El voto a conciencia y la conciencia de que el pueblo tiene la facultad de cambiar las cosas y decidir sobre su futuro es lo que potencia el cambio, el bienestar y el desarrollo de una nación. Formemos a nuestra gente, cambiemos su modo de pensar, ampliemos su perspectiva; eduquemos a nuestra gente.

Nos hacen falta héroes visionarios como los de antaño. Gente con amplitud de mira. Nos hacen falta Pedros que no vean un valle sino una ciudad. Nos hacen falta Manueles que crean en una patria nueva y no le teman a Marcó del Pont. Nos hacen falta Nicanores que creen nuevos estilos de poesía. Nos hacen falta Galileos que afirmen sus teorías y no le teman a la hoguera. Nos hacen falta Simones que crean en una sola nación, fuerte, diversa y unida. Nos hacen falta Ernestos, que luchen por la igualdad y los derechos de los desvalidos. Nos hace falta leer de Jesús, para vivir amando a todo y a todos. Nos hacen falta visionarios como Neruda, que crean en sus sueños y traspasen fronteras.

Necesitamos gente que mire más allá de lo que ve, necesitamos gente que se atreva, necesitamos gente sin miedo al cambio. Necesitamos visionarios. Necesitamos formadores. Necesitamos emprendedores.

Muchas gracias por creer que se puede. Muchas gracias Emprendo.

martes, 23 de diciembre de 2008

El nuevo líder...

Este año me alejé de la política universitaria y de la política en general...lo hice pues me decepcioné profundamente. Fue un proceso paulatino, pero caló hondo. Aún no me re-encanto, y creo que para eso falta mucho aún.

Anulé mi voto en las últimas municipales...nadie merecía mi apoyo, pues son todos los mismos de siempre! -Pastelero a tus pasteles- dicen por ahí, y sin embargo cualquiera cree que puede venir y hacer política. No, creo que es tiempo de renovarnos, tiempo de cambiar de rumbo. La verdad es que siento que no cualquiera está preparado para dirigir, gobernar, hacer política…creo que para que nuestro país surja, los “gobernantes” deben tener cierto grado de ilustración, conocimiento adquirido vía estudios, o bien, mediante una vasta experiencia en dirección o administración.


¿La política de hoy en Chile? Más de lo mismo...en buen chileno "ni un brillo". No hay motivación, no hay esperanza, no hay fe, no hay confianza...no hay ganas de participar. Existe una profunda desilusión en el pueblo...ya nadie cree en el políticos, porque ninguno ha sido capaz de cumplir sus promesas (a veces no por voluntad propia, sino por causa del sistema). Ninguno ha sido capaz de enamorar al pueblo y hacerlo confiar nuevamente. Es parecido al drama de los cristianos…si fuésemos como Jesús, realmente, tal vez todos querrían convertirse al cristianismo y adoptar este estilo de vida, pero tenemos tantas pifias…asimismo sucedería con políticos creíbles y correctos 100%, si existieran, tal vez volveríamos a confiar en la política.

Para mí la política no debe ser la materialización del poder, la política es algo serio, es la voluntad y la confianza del pueblo; es la esperanza de muchos...el arte de gobernar para el pueblo (en democracia). Pero se ha desvirtuado…la gente no quiere gobernar por amor al pueblo; quiere gobernar por ambición de poder.

La necesidad imperante en nuestra querida patria, señores, es cambiar el modelo económico que rige nuestro país. Es instaurar un modelo más justo y solidario...¿por qué encerrarnos en nuestras cuatro paredes y no mirar más allá? ¿por qué el afán de mejorar lo que ya existe si está comprobado que no resulta? Miremos más allá…atrevámonos a cambiar. Desechemos este modelo imperialista y fijémonos en uno que prometa, por lo menos, una mejor calidad de vida a toda nuestra población (no tan sólo a una parte). Optemos por una mejor distribución del ingreso, educación y salud para todos, etc. Existe, es posible, se puede lograr…¿quién dice que no? ¿Estados Unidos? ¿Bush?

Pero, ¿cómo lo logramos? ¿cómo despojarnos de un maldito modelo egoísta instaurado por el hermano mayor, USA?

Chile necesita un nuevo líder, uno que encienda al pueblo, uno capaz de mover multitudes y entusiasmar a la masa; uno que, lejos de ser un animador de tv, sea la esperanza de un cambio, la apertura hacia una nueva forma de hacer política. El problema de la democracia actual es que no es una democracia. El gobierno democrático es el gobierno del pueblo, el pueblo decide y exige lo que necesita...no debe ser el pueblo quien tema a la autoridad, la autoridad es quien teme al pueblo, y le obedece, pues es autoridad exclusivamente por decisión del pueblo. Entonces ése nuevo líder que encantará a la multitud será la encarnación de la nueva política; será él quien re-encante a la gente, será él quién les vuelva a alojar esperanzas en la política. Sus palabras serán verídicas y en ése nuevo líder pondremos nuestras esperanzas de cambio, de veracidad, de justicia, de igualdad.

Éste nuevo líder debe ser capaz de despertar las ansias dormidas de participación de la gente. Representará a la mayoría y les hará volver a confiar, volver a creer, volver a soñar...será el Obama-chilensis. Respresentará una nueva forma de hacer política, una verdaderamente participativa, que represente al pueblo, y que encarne su voluntad. Para que vivamos una democracia nítida, palpable, al alcance de “una necesidad”.

Siento ansias de volverme a enamorar, de volver a sentir ésa pasión por la política que carcomía mis entrañas. Tarde o temprano ése nuevo líder surgirá en nuestra patria, y espero estar viva para disfrutarle. Por el momento confío en Obama...él es la encarnación del nuevo líder estadounidense, representa la página en blanco (¿o en negro?), la nueva era, el nuevo mundo...la unión racial, la igualdad. Hay muchas esperanzas en ése hombre, las fuerzas de miles las carga en su espalda, es la materialización del sueño de Martin Luther King y la esperanza de los que aún tienen fe en las capacidades de la raza humana…de los que aún creemos en la bondad de los hombres.

Humilde opinión mía,


Carla.