sábado 3 de octubre de 2009

Cristiana, socialista y revolucionaria


Me defino cristiana porque mi vida está guiada por los valores de Cristo. Son el amor por todo y por todos lo que motiva y sustenta mi existencia. Es el amor el fin último (en el sentido del "más esencial") de mi vida.


Desde que recuerdo mi pensamiento se definió socialista. Lucharé siempre por la justicia, la igualdad de oportunidades y derechos de todos. Si los seres humanos no fueran tan egoístas cada uno de nosotros podría vivir sólo son lo necesario, y así alcanzaría para todos. En cambio, después de haberlo intentado, la historia nos dejó un sabor amargo y la certeza de que la igualdad, esa igualdad verdadera, no será nunca más que una mera utopía. Pero la utopía ha deseguir viva para siempre, para que jamás se apague la llama de la solidaridad que nos atrae hacia ella en este mundo congelado.

Soy una revolucionaria. No le temo al cambio y lucharé por mis sueños y por mi gente, hasta el último segundo de mi vida. No tengo miedo, haré todo lo que esté a mi alcance para lograr un mundo mejor, donde los niños crezcan sanos, libres, contentos, seguros. El sueño, mi sueño, es un mundo donde el amor sea el sentido de todo.

Con el corazón en la mano,

Carla.

martes 23 de diciembre de 2008

El nuevo líder...

Este año me alejé de la política universitaria y de la política en general...lo hice pues me decepcioné profundamente. Fue un proceso paulatino, pero caló hondo. Aún no me re-encanto, y creo que para eso falta mucho aún.

Anulé mi voto en las últimas municipales...nadie merecía mi apoyo, pues son todos los mismos de siempre! -Pastelero a tus pasteles- dicen por ahí, y sin embargo cualquiera cree que puede venir y hacer política. No, creo que es tiempo de renovarnos, tiempo de cambiar de rumbo. La verdad es que siento que no cualquiera está preparado para dirigir, gobernar, hacer política…creo que para que nuestro país surja, los “gobernantes” deben tener cierto grado de ilustración, conocimiento adquirido vía estudios, o bien, mediante una vasta experiencia en dirección o administración.


¿La política de hoy en Chile? Más de lo mismo...en buen chileno "ni un brillo". No hay motivación, no hay esperanza, no hay fe, no hay confianza...no hay ganas de participar. Existe una profunda desilusión en el pueblo...ya nadie cree en el políticos, porque ninguno ha sido capaz de cumplir sus promesas (a veces no por voluntad propia, sino por causa del sistema). Ninguno ha sido capaz de enamorar al pueblo y hacerlo confiar nuevamente. Es parecido al drama de los cristianos…si fuésemos como Jesús, realmente, tal vez todos querrían convertirse al cristianismo y adoptar este estilo de vida, pero tenemos tantas pifias…asimismo sucedería con políticos creíbles y correctos 100%, si existieran, tal vez volveríamos a confiar en la política.

Para mí la política no debe ser la materialización del poder, la política es algo serio, es la voluntad y la confianza del pueblo; es la esperanza de muchos...el arte de gobernar para el pueblo (en democracia). Pero se ha desvirtuado…la gente no quiere gobernar por amor al pueblo; quiere gobernar por ambición de poder.

La necesidad imperante en nuestra querida patria, señores, es cambiar el modelo económico que rige nuestro país. Es instaurar un modelo más justo y solidario...¿por qué encerrarnos en nuestras cuatro paredes y no mirar más allá? ¿por qué el afán de mejorar lo que ya existe si está comprobado que no resulta? Miremos más allá…atrevámonos a cambiar. Desechemos este modelo imperialista y fijémonos en uno que prometa, por lo menos, una mejor calidad de vida a toda nuestra población (no tan sólo a una parte). Optemos por una mejor distribución del ingreso, educación y salud para todos, etc. Existe, es posible, se puede lograr…¿quién dice que no? ¿Estados Unidos? ¿Bush?

Pero, ¿cómo lo logramos? ¿cómo despojarnos de un maldito modelo egoísta instaurado por el hermano mayor, USA?

Chile necesita un nuevo líder, uno que encienda al pueblo, uno capaz de mover multitudes y entusiasmar a la masa; uno que, lejos de ser un animador de tv, sea la esperanza de un cambio, la apertura hacia una nueva forma de hacer política. El problema de la democracia actual es que no es una democracia. El gobierno democrático es el gobierno del pueblo, el pueblo decide y exige lo que necesita...no debe ser el pueblo quien tema a la autoridad, la autoridad es quien teme al pueblo, y le obedece, pues es autoridad exclusivamente por decisión del pueblo. Entonces ése nuevo líder que encantará a la multitud será la encarnación de la nueva política; será él quien re-encante a la gente, será él quién les vuelva a alojar esperanzas en la política. Sus palabras serán verídicas y en ése nuevo líder pondremos nuestras esperanzas de cambio, de veracidad, de justicia, de igualdad.

Éste nuevo líder debe ser capaz de despertar las ansias dormidas de participación de la gente. Representará a la mayoría y les hará volver a confiar, volver a creer, volver a soñar...será el Obama-chilensis. Respresentará una nueva forma de hacer política, una verdaderamente participativa, que represente al pueblo, y que encarne su voluntad. Para que vivamos una democracia nítida, palpable, al alcance de “una necesidad”.

Siento ansias de volverme a enamorar, de volver a sentir ésa pasión por la política que carcomía mis entrañas. Tarde o temprano ése nuevo líder surgirá en nuestra patria, y espero estar viva para disfrutarle. Por el momento confío en Obama...él es la encarnación del nuevo líder estadounidense, representa la página en blanco (¿o en negro?), la nueva era, el nuevo mundo...la unión racial, la igualdad. Hay muchas esperanzas en ése hombre, las fuerzas de miles las carga en su espalda, es la materialización del sueño de Martin Luther King y la esperanza de los que aún tienen fe en las capacidades de la raza humana…de los que aún creemos en la bondad de los hombres.

Humilde opinión mía,


Carla.

martes 19 de agosto de 2008

No es suerte; es bendición


Desde el principio de los tiempos el hombre se ha preguntado el porqué de su existencia; de dónde viene, por qué está aquí. Miles han tratado de encontrar una respuesta. Hoy, tras milenios de desvaríos, la única certeza es que nada está claro. De aquí cada uno con su propia creencia, con su propio afán. Todos respetables.


Algunos de nosotros creemos que estamos aquí por algo, con algún propósito, algún fin. Pareciera que cada quien tiene una misión en este mundo. Yo me inclino a pensar que cada cual tiene una razón de ser. Muchas veces "siento" que tengo un propósito que cumplir entre esta revoloteada maraña de seres humanos. Pienso que vine por "algo" y para algo. Creo que la vida, durante estos veintidós años en que me ha abrazado, ha intentado gritarme un mensaje que no he podido decifrar.

Suelen sucederme lo que algunos definirían como "golpes de fortuna". Pareciera que hay "algo", o "alguien", que quiere que nosotros cumplamos con algún extraño propósito que el cosmos designó para nosotros. A veces siento que nada de lo que me sucede es porque sí, o puramente fruto de mis decisiones propias. A veces siento que hay "algo" más allá que me ayuda, que me encausa...que me hace retornar a una vereda que desconozco.

Coincidencias, suerte, el azar, bendiciones, el destino, la divina providencia...da igual. Lo cierto es que no soy la única que desvaría con esto.

Aún no logro descubrir qué carajo me tocó a mí, pero tengo la certeza en mi interior de que existo con algún sentido, que tengo una misión que cumplir.

Muchas veces pienso que no soy sólo yo. Que no estoy sola. Que ese "algo" que me creó con algún propósito me ayuda continuamente a lograrlo, me vigila, me protege.


A ese "algo" elijo llamarle "Dios", porque suena bonito y porque coincide con los valores que un Jesús de antaño proclamó en los desiertos. Tú puedes llamarle "fuerza positiva", "buenas vibras" o cómo quieras, pero nadie me saca de la cabeza que es del mismo Dios de quién estamos hablando. Es sólo que está tan estigmatizado erróneamente que crees que seguirle es predicar en las calles o cantar alabanzas en un templo.

No, seguirle está lejos de eso. Seguirle es un estilo de vida.



Carla.

sábado 3 de mayo de 2008

Marcesu


Marcelo es mi novio, chunovo. Lo amo de aquí hasta el fin del mundo...sé que eso suena a nada, pero las metáforas son el único recurso, a mi parecer, capaz de acercar lo indescriptible. Marcelo es un hombre excelente. Es inteligente, hermosísimo y regio, atento, cooperador, positivo, genial, prolijo, brillante, ocurrente, incondicional, paciente, animoso, leal, fiel...Marcelo no sólo es el hombre más todo del mundo, ni meramente el compañero que he elegido para mi vida. Marcelo es mi gran mejor amigo, un excelente cristiano, un amigo fiel, un excelente hijo, un incondicional hermano, un compañero amable, un conocido cariñoso, una persona maravillosa.

Con Marcelo vamos a todas. Somos animados, locos. Soñamos, conversamos, dormimos, regaloneamos. Soy afortunada por tener un hombre de tu nivel. Eres el mejor de todos, sin duda alguna. Gracias por el privilegio de disfutarte; tu inteligencia, tu carácter, tus labios.


Te amo.



Carla.

miércoles 23 de abril de 2008

Estigmatización de las palabras

Queridos;

Hola a todos. Escribo para emitir una opinión respecto de un tema que siempre me ha parecido muy intrigante; la "Estigmatización de las palabras".

Me llama la atención profundamente el proceso de comunicación. Muchas veces, me maravillo en los recovecos del proceso comunicativo, en el milagro de manifestarnos y que nos entiendan. Sobre todo del lenguaje castellano, del idioma, que hacemos más nuestro cada día. Todo gracias a un paquete de letras, palabras, gestos, olores, etc. Es cierto que hace unos 500 años los españoles, conjuntamente con quitarnos muchas riquezas, nos heredaron un tesoro preciado; el lenguaje, las palabras. Neruda, el gran maestro, lo enunció en su obra "La Palabra", poema publicado en su libro "Confieso que he vivido", que es también mi obra favorita. Es gracias al idioma que podemos comunicarnos... solemos olvidar esta verdad con el ajetreado vivir, sin dar gracias al Grandísimo, por el inmenso milagro de permitir la comunicación entre nosotros.

Nuestro idioma y nuestro vocabulario delimitan y limitan nuestra manera de pensar. Mi padre me enseñó, alguna vez, que sólo sentimos lo que podemos manifestar con palabras, y ésas palabras son aquellas que están en nuestro vocabulario. Estamos limitados por las palabras que conocemos y manejamos. No podemos sentir nada que no podamos manifestar con palabras. Necesitamos sentir cosas que podamos describir, sino son sólo sensaciones pasajeras y olvidadas, que no tiene trascendencia alguna. Por si no se han dado cuenta, pensamos en español. Todo lo que pensamos lo estructuramos en frases o sensaciones definidas, todo en español.

El otro día uno de mis compañeros sugería sacar la palabra "problema" de nuestro vocabulario cotidiano. El compañero no sugería tachar la palabra problema como algo prohibido, sino eliminar la acepción de la palabra problema que se refiere a desafíos, retos. Estuve completamente de acuerdo. El argumento del compañero era que para cualquiera de nosotros la palabra problema arrastra consigo una serie de sensaciones poco positivas. En general describimos un desafío como un problema, tachándolo del aura negativa con que está rodeada la palabra "problema". El compañero proponía que ante desafíos, retos o incertezas no utilizaramos la palabra problema sino cualquiera de sus sinónimos con el fin de quitar el estigma negativo que la palabra le ata a la situación, la cual, que más que algo malo, siempre es una oportunidad de crecimiento que, lejos de ser mala, es muy positiva.

En lo personal me sorprendió la opinión del compañero, dado que siempre he tenido un pensamiento parecido. ¿Saben?, creo que en nuestro vocabulario hay muchísimas palabras que están estigmatizadas, tachadas y atadas a un montoncito de sentimientos que arrastran consigo, y que no necesariamente nos ayudan a enfrentar o asimilar de manera positiva distintas sensaciones, situaciones u opiniones. Quisiera comentarles un pensamiento muy reservado que siempre he sentido y que está directamente relacionado con el tema. Se trata del montón de estigmas que tienen las palabras de nuestro idioma. Específicamente las utilizadas en entornos religiosos. Yo soy cristiana, y creo en Dios como mi Creador, el magnífico omnipotente, omnipresente y omnisiente. Resulta que creo que muchas de las palabras relacionadas al ámbito religioso sufren de un severo grado de estigmatización y nos causan sensaciones de rechazo que es consecuencia sólo de su estigmatización social y que, muchas veces, no refleja su correcto significado. Quisiera usar dos palabras como ejemplo; pecado y Dios.

1.- Pecado. En lo personal no me gusta esta palabra. Me disgusta, no porque me crea perfecta, sino por el aura negativa que la sociedad le ha dado. En general se asocia el "pecado" con maldad, infierno, y cristianismo exagerado. Los pecadores ya pasaron de moda, la gente antigua se iba al infierno, eso ya no corre. El pecado es toda acción mala y endemoniada que comete una persona que cree en el Cristianismo y que le otorgará un freepass al infierno. Para mí, el significado de pecado está lejos de eso y dice relación con cualquier acto o pensamiento que nos dañe a nosotros mismos o a los demás, cualquier tipo de destrucción y autodestrucción. No tiene que ver con ser canuto, cristiano, católico, apostólico o romano. Creo que no sólo los creyentes nos dañamos a nosotros mismos ni somos los únicos que tenemos malos pensamientos para con los demás. Muchos creen que los que se creen santos van a la iglesia, al contrario, vamos los que nos reconocemos imperfectos (pecadores, si así lo prefieren), y tenemos la intención de cambiar al alero de Dios.

2.- Dios. Se suele pensar que Dios es un hombre mayor que nos mira desde el cielo...con una sedosa barba blanca y cabellos dorados. Creo que la humanización de Dios es lo que ha ocasionado la lejanía de la gente. Yo no comprendo cabalmente a Dios y, entre otras virtudes, lo reconozco como el Creador de todo lo que existe. Creo que no puedo contarles de Dios, creo que ha Dios se le conoce personalmente por medio de la propia experiencia. Si cada uno de ustedes viviera su propia experiencia con Dios y dejara de mirar al cielo con la certeza de que sobre las nubes nadie nos está mirando, y se animara a ver a Dios en los tremedos milagros de la vida; todos serían creyentes como yo. Yo también tengo la certeza de que nadie nos mira desde lo alto y que desciendo del mono, pero a diferencia de la mayoría, soy creyente cristiana. Yo reconozco la maestría de Dios en los grandes milagros que nos rodean.

Problema, pecado, Dios. Tres palabras estigmatizadas como muchas otras, ¿no creen? Tal vez sea tiempo de que leamos, para enriquecer nuestro vocabulario y nuestro pensamiento en todo sentido. Tal vez sea bueno que renovemos ciertas palabras, que dejemos los estigmas y que miremos las cosas desde un punto de vista diferente, innovador.

Agradezco a Neruda por su hermoso poema, por abrirnos los ojos y las puertas a un mundo nuevo.

Con cariño,


Carla.

martes 8 de abril de 2008

El porqué del emprendimiento


NOTA: (Contexto: mis estudios universitarios) Paralelo a mis estudios de pregrado, y los de magíster que comencé este año, realizo algunos ramos que imparte un programa pionero llamado Emprendo, dedicado a la formación de emprendedores. Nos pidieron, la semana pasada, en uno de los cursos, que realizasemos un ensayo respecto al impacto del emprendimiento en la sociedad y a la razón para enseñarlo y promoverlo; previamente expuestos al alumnado en un documento. A continuación comparto mi opinión respecto al tema.

Un tarde de verano, en los albores de la niñez, una profesora me explicó la importancia de la historia en la vida. Fue un concepto que cambió mi perspectiva minúscula de niña pequeña. Con o sin percatarse esa mujer de duro carácter, ya entrada en años a mi parecer de entonces, me abrió los ojitos y me ató un par de hermosas alitas a la espalda. Ése día, atónita, perpleja, contemplé cómo mi vida cambiaba en torno a un simple concepto. Estudiamos historia para aprender de nuestros ancestros, de su experiencia y de los errores del pasado, para evitar cometerlos de nuevo.


De ésas experiencias he vivido muchísimas. En casa y en los centros de desarrollo (colegio, liceo y universidad, etc.) a los que he asistido a lo largo de mi proceso de formación. Muchas veces me han abierto los ojitos y las puertas a un mundo nuevo. Cada segundo, cada día, cada etapa de la vida, me enseña nuevas perspectivas, me abre el camino y modifica mi modo de andar. Un día, por ésas poco racionales decisiones saturadas de excesivo enamoramiento-aturdido, me colé a una clase ajena en la que me explicaron un concepto visionario; la vida es como una esfera, una burbuja, una atmósfera que te rodea, al principio esta atmósfera esférica que te circunda tiene poco radio, pero cada vez que aprendes, que vives una nueva experiencia, esta atmósfera se expande inequívocamente -cada vez que aprendes algo tu universo se expande, tu visión se amplía, y te surge la necesidad de adquirir más y más conocimiento-. Hoy, el profesor Pedro Vera (director del Programa Emprendo) resume este concepto: se aprende para ampliar la capacidad de aprender y se cambia para ampliar la capacidad de cambiar. Pero, la pregunta es, ¿para qué tanto conocimiento? ¿qué es lo que necesito cambiar?

Aunque parezca increíble contrasto esto con lo que creo es la misión y el porqué del ser humano en este mundo; aportar al bien común. Mi maestro, Jesús, intentó explicarlo hace muchísimos años atrás - ama a tu Creador y a tu prójimo como a ti mismo-. Ésa, querido lector, es la clave del bien común, de la prefecta armonía de esta obra maravillosa que es la humanidad y su entorno. Otros maestros de la historia lo han enseñado también y han luchado por la perfecta armonía de los pueblos. El gran visionario Carlos Marx sugirió el socialismo científico, notable filosofía que se construye entorno a una sociedad primeramente solidaria. Voltaire, Russo y Montesquieu lucharon por la democracia en Francia, política planteada en la antigua Grecia que constituye el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Hoy, muchos siguen luchando. No hay que ser cristiano, ni socialista, ni revolucionario (atributos que sí tengo) para comprender el objetivo de las sociedades y los gobiernos de hoy; lo que nos sustenta es aportar al bien común.

Se busca el bien común. Se busca la democracia como estilo de vida. Se busca el respeto y la solidaridad, respeto y solidaridad que carecemos. Necesitamos perseguirlos hasta encontrarlos. Con el estilo que se ha llevado ya no funcionó. El modelo económico no sirve. Necesitamos uno nuevo. Para descubrirlo, necesitamos cambiar nuestro clásico estilo egoísta de actuar y nuestro asqueroso estilo egocéntrico de pensar. Necesitamos cambiar para comprender que es lo que nos hace falta cambiar. Necesitamos aprender para poder aprender aún más. Necesitamos mirar con otros ojos desde una nueva perspectiva. El mundo, nuestro mundo, está evolucionando. Algún día, más temprano que tarde, dejará de desentenderse de la injusticia, el atropello y el abuso. Necesitará nuevos actores. Estamos viviendo una verdadera revolución y está en nuestras manos ser los protagonistas de ella. Poco a poco se ha ido tomando conciencia de que se debe cambiar. Nos hemos percatado de que no estábamos avanzando y que para avanzar necesitamos un nuevo enfoque. Tanto el sector público como el privado en nuestro país han notado que necesitamos algo nuevo, algo diferente.

La sociedad de hoy no es la de antaño. El medio demanda nuevos y mejores profesionales, nuevas y mejores personas. Ya no tienen cabida los profesionales que son sólo especialistas técnicos. Ahora se buscan profesionales con nuevas competencias – además de aquellas vinculadas directamente a la especialidad disciplinaria y al conocimiento técnico- relacionadas con el desarrollo personal, el entorno y la sociedad. La sociedad que se necesita, la que el mundo está demandando está formada por profesionales integrales. Personas capaces de conocerse, insertarse y realizarse conforme a sus emociones, a sus sueños y a sus aspiraciones en este escenario cambiante. Se buscan personas distintas. Se necesitan personas distintas. El perfil que se busca se ha llamado emprendedor.

Algunos definen emprendedor como una persona, con suficiente autoconocimiento, motivada e informada, para desarrollar sus sueños en forma proactiva e innovadora en los distintos ámbitos del quehacer económico y social, con competencias y habilidades para trabajar en red con otros y producir impactos positivos con su accionar. Un emprendedor constituye una persona y un profesional integral.

Nuestra sociedad, nuestro entorno inmediato necesita emprendedores. Queremos un Chile mejor. Un Chile desarrollado. Una nación más justa y solidaria, donde todos los ciudadanos vivan libres con garantía y respeto pleno de sus derechos. Chile nos necesita. Chile necesita emprendedores. El emprendedor no sólo es una persona de formación integral, visionaria y luchadora, sino un perfil profesional capaz de sacar un país de la injusticia y el subdesarrollo. Nuestra nación necesita profesionales que, con su formación, creen nuevos empleos, gestionen influidos por buenos valores y nos conduzcan al desarrollo. Queremos una sociedad justa, queremos un sistema de salud solidario, queremos confiar en nuestros dirigentes, queremos más y mejores empleos, queremos distribución equitativa del ingreso. Ése, señores, es el Chile que queremos.

Para lograrlo necesitamos motores, personas que se atrevan, y que actúen influidos por la cultura del emprendimiento, con una nueva mentalidad, una nueva visión. ¿Cómo conseguir futuras generaciones distintas si nuestros hijos son hijos de los mismos de siempre? Si, además, los educadores de nuestros hijos son los mismos de siempre, y los dirigentes son los mismos de siempre. Chile clama por visionarios. Chile está pidiendo a gritos nuevos profesionales, nuevos dirigentes y nuevos educadores. Si otros lo han logrado ¿por qué nosotros no? Si otros tienen salud buena e igualitaria, si otros tienen distribución del ingreso más justa, si otros tienen mejores educadores… Hace más de veinte años un hombre clamó por una oportunidad para América Latina, lo hizo de blanco en una ceremonia inolvidable. Lo hizo por amor, para que todas las estirpes condenadas a cien años de soledad tuviesen una segunda oportunidad sobre la tierra.

La nueva pregunta que surge es ¿cómo lo logramos? La respuesta es simple: educando. Necesitamos educar diferente. Necesitamos proporcionarle a la gente las herramientas para pensar diferente, que puedan ampliar su mirada, atarle a todos alitas de plata y que vuelen. En ingeniería eléctrica, para que una máquina parta, necesita un impulso de partida. Para esto, se requiere de circuitos que se llaman impulsores. Lo que Chile necesita son muchísimos circuitos impulsores. Necesitamos gente que crea, que se la juegue y que eduque diferente. Que entienda que lo que requerimos no son meros especialistas, sino personas, visionarias e integrales que nos ayuden a levantar la bandera del desarrollo. Chile necesita formadores.

Nuestro país está cambiando. Si soñamos que mañana llegue a ser diferente tenemos que trabajar. Así conseguiremos que pronto nuestra nación viva verdaderamente la democracia, donde el poder se traslade desde los nichos de riqueza del país a las urnas, a las papeletas de votación. Hace poco, tuve la oportunidad de ver el último estreno de Michael Moore, Sicko, nada más y nada menos que en el cine. La película se estrenaba a precio estudiante en el teatro de la Universidad de Concepción, inaugurando el ciclo de cine de la temporada. En ella un cientista manifestaba que el poder de un pueblo radica en su capacidad de protestar, de movilizarse. La opinión de un pueblo, manifestada, generará una revolución que hará cambiar las cosas. No es el pueblo quien debe temer al gobierno, sino el gobierno quién teme al sentir del pueblo. Para que un pueblo tenga conciencia de su poder, debe ser educado. La estrategia, de ciertos grupos de la población, en ciertos países es infundir temor en el pueblo, dejarlo pobre y sin educación, y desmoralizar su manera de pensar. El voto a conciencia y la conciencia de que el pueblo tiene la facultad de cambiar las cosas y decidir sobre su futuro es lo que potencia el cambio, el bienestar y el desarrollo de una nación. Formemos a nuestra gente, cambiemos su modo de pensar, ampliemos su perspectiva; eduquemos a nuestra gente.

Nos hacen falta héroes visionarios como los de antaño. Gente con amplitud de mira. Nos hacen falta Pedros que no vean un valle sino una ciudad. Nos hacen falta Manueles que crean en una patria nueva y no le teman a Marcó del Pont. Nos hacen falta Nicanores que creen nuevos estilos de poesía. Nos hacen falta Galileos que afirmen sus teorías y no le teman a la hoguera. Nos hacen falta Simones que crean en una sola nación, fuerte diversa y unida. Nos hacen falta Ernestos, que luchen por la igualdad y los derechos de los desvalidos. Nos hace falta seguir a Jesús, para vivir amando a todo y a todos. Nos hacen falta grandes como Neruda, de quién me deleita y sorprende no sólo su sublime manera de hilvanar frases, sino la perspectiva que tenía respecto de la vida…de seguro Neruda veía más allá que lo que estaba al alcance de su tiempo, lo dijo en su famoso poema La palabra -Se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se lo llevaron todo y nos dejaron todo. Nos dejaron las palabras-.

Necesitamos gente que mire más allá de lo que ve, necesitamos gente que se atreva, necesitamos gente sin miedo al cambio. Necesitamos visionarios. Necesitamos formadores. Necesitamos emprendedores.

Muchas gracias por creer que se puede. Muchas gracias Emprendo.

Con amor,


Carla.

viernes 21 de marzo de 2008

"Estrategias ontológicas para el cambio de las personas"


Anteayer, invitada por mi padre, asistí a una charla que el Colegio de Ingenieros de Chile ofreció en el auditorium principal de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Concepción, en el marco de la celebración de los cincuenta años de la institución. La charla se titulaba "Estrategias ontológicas para el cambio de las personas" y el relator era Ziley Mora Penrose, filósofo, etnógrafo, educador, escritor y consultor en procesos humanos; que actualmente ejerce como profesor en la Universidad del Bio-bio.



La charla intentaba responder varios issues del quehacer cotidiano de los trabajadores; cómo vulnerar las resitencias a los cambios de las personas, analizando cómo producir el giro mental que permita tener una nueva mirada y comprensión de las cosas logrando un verdadero cambio actitudinal.


Dado que el expositor era etnógrafo, la charla estavo matizada con conocimientos acerca de diferentes etnias que el profesor había tenido la oportunidad de conocer (chilenas y mexicanas, principalmente) y que, por supuesto, había exprimido, absorbiendo tanto conocimiento de ellos como le había sido posible. Habló de varios temas, como en toda charla. El enfoque principal se orientaba a lograr el cambio de las personas; algo así como un listado de claves para el cambio.

i. La pasión, ingrediente clave en la reseta del éxito de cualquier trabajo. Fundamental para emprender un desafío, disfrutar el camino al logro y finiquitarlo exitosamente.

ii. Objetivos y metas claras, lo que constituye la principal motivación para alcanzar un logro. Se mencionaba la impotancia de perseguir un sueño claro, bien definido y ambicioso; esto último como clave de motivación, para alcanzar metas y lograr cambios en las personas.

iii. Vivir cada día como el último. Se sugería mirar la propia vida desde el ataúd (para ver si uno estaba conforme con su paso por la tierra) y no desperdiciar ni un momento en pensamientos y sentimientos irrelevantes.

iv. ¿Cómo hacer relevante algo a alguien? Cada uno hace sólo lo que le parece significativo y relevante.

v. Somos el cuento que nos contamos. Se discutía la importancia de la identidad para el ser humano. Aprendí que lo que más nos afecta no son nuestras malas experiencias sino como nos las contamos a nosotros mismos. Si García Márquez conociera la vida de cualquiera de nosotros, de seguro escribiría una obra maestra de nuestras experiencias.

vi. No es como yo lo diga, sino como el otro lo escuche. No cambiamos porque no logramos escucharnos, ni a nosotros mismos ni a los demás. Muchas de nuestras enfermedades son causa de las malas palabras que nos decimos; para recuperarnos sólo necesitamos oir buenas palabras.

Para mí, la clave de cambio es conocer a Jesús de verdad. Él es la fuente de la verdadera vida. Con Él y las estrategias mencionadas debería conseguir, instantáneamente, un profundo cambio en mi modo de proceder, o no?

Confundida,


Carla.