sábado, 20 de marzo de 2010

La nación del arco iris

[Entonces me quedo pensando en el "apartheid-implícito" de nuestra sociedad; generado por el neoliberalismo y evidenciado por el reciente "tusunami". Y pienso que nos falta un Mandela.]

Sudáfrica, un sobrevuelo

Sudáfrica es el país más rico de África. El país del sur se adjudica un 25% de PIB total de África y cuenta con un gran volumen de capital nacional (público y privado) en estrecha relación con las grandes redes económicas mundiales, y la industria de Sudáfrica es la más poderosa y diversificada de todo el continente negro. Sudáfrica es conocido por su diversidad de culturas, idiomas y creencias religiosas. El inglés es el idioma más común en la vida oficial y comercial sudafricana, a pesar de ser el quinto idioma más hablado del país de forma materna. Sudáfrica es un país variado desde el punto de vista étnico. Aunque el 80% de la población sudafricana es negra, dentro de este grupo se encuentran gran cantidad de comunidades étnicas que hablan diversas lenguas bantúes. Sin embargo, Sudáfrica es también un país en el que existen grandes desigualdades entre los distintos grupos sociales; mientras existen grandes fortunas y las capitales están entre los principales centros de negocio de África, aproximadamente una cuarta parte de la población sudafricana no tiene trabajo (cesante) y vive con menos de $1,25.= diarios.

Algo de historia (brevísimo resumen autorizado)

Los humanos han habitado el sur de África desde hace más de 100.000 años. Al momento de la llegada de los europeos, a mediados del siglo XVII, la población indígena era una mezcla de pueblos emigrados desde otras partes de África, siendo los pueblos dominantes el Xhosa y el Zulú.

En 1652 la Compañía Holandesa de las Indias Orientales estableció un pequeño asentamiento que se convertiría en Ciudad del Cabo. La ciudad se convirtió en colonia británica en 1806. Los asentamientos europeos se expandieron durante la década de 1820, cuando los Bóers (colonos originarios de Holanda, Flandes, Francia y Alemania) y los colonos británicos reivindicaron territorios al norte y al este del país, produciéndose una serie de conflictos entre los Afrikáner (Bóers), los Xhosa y los Zulú por la posesión del terreno.

El descubrimiento de yacimientos de diamantes y minas de oro provocaron el conflicto conocido con el nombre de Segunda Guerra Bóer, que enfrentó a británicos y bóers por el control de los recursos minerales del país. Aunque los bóers resultaron perdedores de la guerra, el Reino Unido concedió en 1910 una independencia limitada a Sudáfrica como colonia británica. En el interior del país, la élite blanca antibritánica llevó entonces a cabo una serie de políticas con la intención de lograr la independencia total. La segregación racial fue tomando fuerza e impregnando la legislación surafricana, instituyéndose el régimen que se conocería posteriormente con el nombre de apartheid, que estableció clases de estratificación racial.

El apartheid, una pincelada

El país alcanzó finalmente la independencia en 1961, cuando fue declarada la República de Sudáfrica. El gobierno continuó legislando según el régimen del apartheid, a pesar de la oposición tanto exterior como interior al país. En 1990, el gobierno sudafricano comenzó una serie de negociaciones que terminaron con las leyes discriminatorias y con la convocatoria de las primeras elecciones democráticas en 1994.

El régimen del apartheid (significa "separación" en Afrikaans) consistía en la división de los diferentes grupos raciales para promover el desarrollo. El movimiento fue instaurado por los colonizadores holandeses de raza blanca durante el siglo XX. Promovía una segregación racial, clasificación que se efectuaba de acuerdo a la apariencia, a la aceptación social o a la ascendencia.

La población estaba clasificada en cuatro grupos; blancos, negros, indios y mestizos (de color). Si bien los mestizos (e indios) eran discriminados, recibían mejor trato que los negros, principales afectados. La teoría del apartheid era que los de color eran ciudadanos de Sudáfrica con limitados derechos, mientras que los negros eran ciudadanos de cualquiera de los diez estados autónomos creados para ellos, no sudafricanos.

Para ilustrar en "algo" el sistema vale la pena notar, por ejemplo, que la ley sudafricana reservaba ciertos distritos en las ciudades donde sólo podían ser propietarios los blancos, forzando a los no blancos a emigrar a otros lugares. Se establecieron zonas segregadas tales como playas, autobuses, hospitales, escuelas e incluso bancos en los parques públicos. Entre otras medidas del régimen se encuentran:

- Los negros no podían ocupar posiciones en el gobierno y no podían votar excepto en algunas aisladas elecciones para instituciones segregadas.
- Los negros no podían habilitar negocios o ejercer prácticas profesionales en las áreas asignadas específicamente para los blancos.
- El transporte público era totalmente segregado.
- Los negros debían portar documentos de identidad en todo momento.
- A los negros no les estaba permitido entrar en zonas asignadas para población blanca, a menos que tuvieran un pase. Los blancos también tenían que portar un pase para entrar en las zonas asignadas a los negros.
- Edificios públicos tales como juzgados u oficinas de correos, disponían de accesos diferentes para blancos y negros.
- Las áreas asignadas a los negros raramente tenían electricidad o agua. Los hospitales también eran segregados: los hospitales para los blancos tenían la calidad de cualquier nación desarrollada, mientras que los asignados a los negros estaban pobremente equipados, faltos de personal y eran muy pocos en relación a la población que servían.
- En 1970 la educación de un niño negro costaba el 10% de la correspondiente a un blanco. La educación superior era prohibitiva para los negros.
- El ingreso mínimo para el pago de impuestos era de 360 rand para los negros y mucho más alto para los blancos, unos 750 rand.

La Sudáfrica actual: mi mirada


[Hace un par de años conocí a dos sudafricanos, radicalmente opuestos entre sí. De nuestras largas conversaciones logré asirme de una mini-visión que he ido engrosando cual avalancha durante el tiempo que ha transcurrido desde entonces. En este par de líneas mi humilde opinión.]

A 20 años de la abolición, las heridas persisten. Los sudafricanos "originales", los que "llegaron primero", los negros, cargan con una historia de dolor y opresión tan amarga, que todos los diamantes del mundo serían incapaces de compensar. Los negros (y mestizos) fueron injustificablemente discriminados desde la mismísima llegada del hombre blanco al continente.

Y es que el blanco despiadado, el discriminador, el segregador, el que considera al hermano negro como un ser inferior, menos persona, existió y existe. Nada sabe de culturas diferentes, de etapas de desarrollo cultural (evolución), de falta de oportunidades, de derechos humanos. No comprende, cree que el negro es un ser inferior, que es literalmente más tonto que el blanco, que es incapaz. Y parece increíble, pero lo cierto es que aún son muchos y existen, hoy, aquí, en el mundo real, ese mundo real que a miles de miles de kilómetros de distancia nos parece inverosímil.

Aunque no todo el blanco sudafricano es, ni fue, un ser abominable. Hay blancos que entienden. Saben que nadie es más que otro, que todos somos iguales en dignidad y derechos, respetan, son personas. La misma abolición del apartheid fue un proceso gradual de más menos cuatro años, en el que muchos blancos se hicieron protagonistas. Y estos blancos existieron siempre, aunque, por desgracia, fueron minoría.

Hoy, el odio racial en Sudáfrica es una herida en proceso de sanación. Aún hay mucho negro resentido (con justa razón) y mucho blanco prepotente. La discriminación es un problema difícil de erradicar.

Pero entre tanto odio hay uno al que es imposible ignorar. Uno que no fue guerra, sino paz, no fue oscuridad, sino esperanza, no fue odio, sino amor.

Madiba
[Extracto de nota publicada el 15 de febrero de 2010 por Carlos Parker, diario El Mostrador.]

El 11 de febrero se conmemoraron 20 años de la liberación de Nelson Mandela. Madiba, el nombre con que le llaman cariñosamente sus compatriotas, permaneció por 27 años prisionero del gobierno racista sudafricano, 18 de los cuales los pasó en una pequeña celda de apenas 2,5 metros por lado, durmiendo en un colchón de paja, mal alimentado y sometido a régimen de trabajos forzados en la prisión de Robben Island.


Convertido en paria internacional, condición que el régimen racista sudafricano compartió con la dictadura militar chilena con la cual, por cierto, mantuvo estrechos vínculos diplomáticos, militares y económicos, y sometido a la presión incesante de las manifestaciones populares, el régimen del apartheid que proclamaba y aplicaba sin piedad ni tapujos la política de supremacía blanca en un país de población mayoritariamente negra, no tuvo más remedio que proceder a la liberación incondicional del líder histórico del Congreso Nacional Africano (ANC) cuando Mandela tenía ya 71 años. Desde aquel momento decisivo se desató un proceso político y social de imprevisibles consecuencias, en medio de una atmósfera contaminada por invocaciones a la violencia racial y de maniobras desesperadas del régimen racista para dividir al adversario pactando con agrupaciones de la mayoría negra contrarias a la hegemonía del ANC.

Hubiese bastado una palabra, o tan sólo un gesto de Mandela para haber arrastrado al país a una cruenta guerra civil, con el odio racial por bandera. Motivos suficientes y comprensibles para que la población negra oprimida pudiera haber optado por la venganza contra sus verdugos los había a destajo.

Y habría sido comprensible también que de la prisión hubiese salido no el hombre a quien se vio sonriente y animado alzando el puño, sino a un individuo lleno de rencor e ira, dispuesto a usar su prestigio nacional e internacional y su decisiva e influencia para cobrar las cuentas acumuladas de las humillaciones sin nombre, las violencias y las injusticias propinadas a su pueblo por una minoría brutal e implacable.

Pero la generosidad de Mandela, su bondad, su enorme estatura moral y su extraordinario genio político, se puso desde el primer momento en evidencia para interponerse como un muro indestructible ante esa marea rabiosa que pugnaba por sumir al país en un baño de sangre. Así fue crucial su potente llamado a los jóvenes de la ANC a tomar sus cuchillos, sus armas y machetes y lanzarlos al mar, cuando en 1994 fue electo presidente de la nueva Sudáfrica.


Había que ser valiente y decidido en esa hora de justicia y victoria para hacer una invocación semejante. Y los acontecimientos políticos comenzaron a tomar desde entonces un curso impensado. El mismo que ha llevado a Sudáfrica a ser un país respetado y apreciado, como una demostración de que se pueden conjugar los intereses más irreconciliables, como lo eran en efecto los de la minoría negra y la mayoría blanca, y exorcizar los recíprocos temores y desconfianzas nacidas de una experiencia histórica brutal y dramática. Anclada en una concepción racista convertida en sistema institucional discriminatorio que la apropia ONU declaró en su día como un crimen contra la humanidad.

La historia de vida de este político gigante en un mundo de enanos este relatada en primera persona en su autobiografía llamada “Largo Camino a la Libertad”, en la que nos conduce desde su infancia en la aldea Xhosa del Cabo Oriental donde nació y creció, hasta su experiencia como abogado y su ingreso al ANC, organización fundada en 1912, pasando por su experiencia carcelaria, su liberación y su elección como presidente en los primeros comicios sudafricanos en que se aplicó el principio de un hombre un voto (primer presidente electo mediante sufragio universal).


Más recientemente, el libro de John Carlin “El factor Humano”, que inspiro la película “Invictus” protagonizada por Morgan Freeman en el papel de Mandela, nos ilustra con entretelones extraordinarios sobre los días en que el destino de Sudáfrica pendía de un hilo, del que Mandela supo tirar con delicadeza para tejer con paciencia, talento y capacidad de seducción, el entramado de un país reconciliado que hoy se mira a sí mismo como la nación del arco iris.

[Entonces me quedo pensando en el "apartheid-implícito" de nuestra sociedad; generado por el neoliberalismo y evidenciado por el reciente "tusunami". Y pienso que nos falta un Mandela.]

jueves, 18 de marzo de 2010

INFOCAP, La Universidad del Trabajador


Gastronomía tarde, Segunda Generación INFOCAP Biobío.

INFOCAP
, 'La Universidad del Trabajador', es una fundación sin fines de lucro, cuya misión es capacitar y formar a trabajadores de escasos recursos por medio del desarrollo de competencias laborales que les permitan adquirir una mejor calidad de vida. La Fundación capacita (casi) gratuitamente durante 3 trimestres a trabajadores en las áreas de Peluquería, Gastronomía, Instalaciones Eléctricas, Instalaciones Sanitarias, Corte y Confección (sólo Stgo.), Albañilería (sólo Stgo.). El proyecto se orienta a personas de bajos ingresos económicos y alta vulnerabilidad social.
Se trabaja en dos jornadas; tarde (orientada a la dueña de casa) y noche (orientada a los trabajadores).

INFOCAP nace en Santiago de Chile en 1984, fundada por la Compañía de Jesús (Jesuítas) e inspirada en el pensamiento del Padre Hurtado. En 2008 abre una segunda Sede en Concepción, Región del Biobío. En INFOCAP trabaja un staff de profesores contratados y otro de profes voluntarios. El proyecto se financia en base a aportes de la organización de Jesuítas Chile (Compañía de Jesús) y otros aportes privados.

Junto a mi amado Marce trabajamos durante un año en INFOCAP Biobío. Como dupla de profes voluntarios impartimos la asignatura Trabajo Independiente II para los oficios de Gastronomía y Peluquería, donde enseñamos conocimientos relativos a la "legalización del pololo"; confección de presupuesto, publicidad, garantía, legalización (impuestos), inicio de actividades, Micro Empresa Familiar MEF, boleta de honorarios, microcréditos, entre otros tópicos.

Enamorada de INFOCAP.

¿Por qué creímos (creemos) en el proyecto?

Alguna vez me preguntaron porqué creí en el proyecto: Estoy convencida. Lo hago para aportar a superar la pobreza de mi patria. Lo hago porque creo en la ayuda inmediata que significa la capacitación laboral (el valor monetario intrínseco del know how), que permite una mejor calidad de vida palpable "ahora" (para los padre y los hijos), pero, más aún, lo hago because I believe in something. Creo firmemente que el know how no sólo se traduce en mayor catidad de "cosas para el buche", creo que se traduce en una visión, una veta de oportunidades a largo plazo. Los hijos de esas madres y padres capacitados, vía educación, adquirirán una perspectiva nueva, crecerán en un hogar, no sólo con un mejor estándar de vida (mejores posibilidades right now), sino también con perspectivas de superación mejores (mayor visión-> se "perciben" mayores oportunidades-> mayores posibilidades de surgir a futuro). Pero en los hijos de los hijos, y en los hijos de los hijos de los hijos, sí que cosecharemos en grande. Mayor visión, mayores oportunidades... todo gracias a la educación, that's all.

Mi dupla tenía sus razones también: "Lo que me motiva es la es la creencia en que el trabajo es un apecto importante para la dignificación del ser humano y que el conocimiento es lo único que separa a un emprendedor de dar su siguiente paso".

A fin de cuentas, no cabe duda: lo hicimos por amor, lo hacemos por amor.

La despedida 

Hoy cierro(mos) el ciclo, dejo(mos) INFOCAP para caminar hacia otros rumbos. Lo hago con tristeza, pero convencida de que la patria me llama a retribuirle desde otros lares.

¡Viva Chile!


Carla.

sábado, 13 de marzo de 2010

The Fever


"
La vida que he llevado es irremediablemente injusta. No tiene justificación. Mi simpatía por los pobres no cambia su vida. [...] No soy mejor que nadie, y no merezco más de lo que ellos tienen."

Recomiendo el monólogo The Fever, de Wallace Shawn. Tanto el texto original, que adjunto, como la representación de Vanessa Redgrave (HBO film).

The Fever, by Wallace Shawn

viernes, 12 de marzo de 2010

2702

[Como intentando retener en la memoria cada momento de lo vivido el 2702 y los días venideros, estampo estas líneas en el trozo de papel virtual que siempre está dispuesto a escuchar.]




Carla Coronado Leiva, Crónica de un terremoto

Son las 3:35 del sábado 27 de febrero de 2010. Despierto atontada, en la oscuridad. Despierto de mi sueño profundo. Y me levanto y camino unos pasos, hasta donde puedo, sin ojitos. No puedo seguir. Entonces, como quién toma el rol que le corresponde en una obra de teatro, asimilo lo que pasa. El ruido es ensordecedor, todo cae, todo se mueve, es horrible. Estoy sola, sola en esa inmensa oscuridad. Y grito, Álvaro no responde. No sé en qué momento se detendrá; si lo hará antes o después que la casa caiga. El miedo es enorme, no me suelta, no me deja ser.

Entonces me responde, como si el metro y medio, y la pared que nos separan se hubiese amplificado infinitamente. La voz se oye como de ultratumba. Está bien, vive.

Quiero salir de ahí, tengo miedo. Como puedo busco mis zapatos, no se puede pasar ni pisar; todo son muebles, todo vidrios. Bajamos como podemos. Salimos. Somos los primeros. Ya he intentado llamar a mi Marce, y a mi padre. Nada. Afuera todos locos, todos se van. Nosotros nos quedamos.

La desesperación y la incertidumbre nos desgarran el alma. No sé cómo están los queridos, nadie sabe nada. De pronto una radio. No hay tsunami, menos mal.

Entonces esperamos que la oscuridad mengüe. En el auto, nos cobijamos como podemos. Un par de vecinos aguardan a los suyos con nosotros. Son minutos eternos, los más eternos y horribles de este mundo.

No hay agua, no hay luz, no hay comunicaciones.

Se cayeron puentes, edificios, pasos. Se inhabilitaron carreteras, cayeron casas.

Ya amaneció. Gonzalo no ha llegado, suponemos está bien. Vamos por mi tía Gloria, a su edificio. El caos está desatado. Mucha gente por las calles, en pijama, en carpa. Muchos robando. La tensión en el ambiente es horrible.

Logramos subir a tientas, estaba encerrada. Volvemos a casa. Gonzalo está bien. La espera continúa.

No hay ningún tipo de comunicación, la desesperación aumenta. La gente está desorientada, nosotros en vilo.

Tsunami en las costas de la séptima región. Al oeste de Cauquenes, estaban allí. Tenemos miedo, pero estamos seguros.

Talca está abajo, mi Talca querido.

Las horas son eternas, continuamos sin saber nada, sin comer nada. La radio funciona, informa.

A las 18:30 salgo afuera. Tengo rabia. Todas las familias están juntas, nosotros no. Y llegan, por fin. Se salvaron de milagro.

En Loanco no quedó nada, la caleta desapareció. No hubo muertos; hubo llanto y rechinar de dientes.

Ha sido terremoto 8.8 Richter, y ha habido un posterior maremoto. Mucha gente ha muerto, tal vez mil. Las regiones del Maule y del Biobío son las más afectadas, a pesar de que también hay problemas en la quinta, la sexta y la metropolitana. Se sintió en todo Chile.

No sé nada de Marcelo, pero sé que está bien, no sé cómo. Estoy mejor, ya puedo existir.

Es de noche. Se desatan los asaltos. El pánico se expande.

Es domingo. Deseo ir a verle. Quiero ir en bici. No se puede. Sólo queda esperar.

Vamos por agua a la laguna.

Entonces llega. Viene por mí, a verme, a saber que estoy bien. Es mi amado, el que fue destinado en el principio para ser mi esposo, no hay duda.

Cocinamos en la parrilla, con los palitos que encontramos.

Debe volver.

Los asaltos se descontrolan. Han saqueado todo, han quemado y robado. La policia nada puede hacer. Las autoridades reclaman por militares. No hay llegado, ¿dónde están?

Imponen toque de queda, no sirve de nada.

Es de noche otra vez. Tenemos miedo. Dicen que vienen, hablan del lumpen, de las ordas, del pillaje, de la turba. Dicen que violarán a las mujeres, que robarán todo. Los hombres hacen turnos, defienden lo nuestro. Se escuchan tiroteos. La desesperación crece, todo es horrible.

Ya es lunes.

Se piden más militares. Ya son casi 10.000. Todo anda mejor, al menos un tanto. Bomberos y otros servicios exigen resguardo militar para trabajar.

No hay comida, ni agua potable, ni energía elétrica, ni gas, ni bencina. Cada uno se las arregla como puede, con lo que tiene. Los vecinos se ayudan.

Se han robado camiones aljibe, incluso han asaltado y quemado todos los Blockbuster.

Es martes y ya tenemos agua potable. Está turbia, pero somos privilegiados y lo sabemos. Las Municipalidades reparten agua para quienes no tienen, las filas para conseguirla son interminables en toda la intercomuna.

Miércoles. Con Álvaro venimos de Conce a pie por Pedro Aguirre Cerda cuando se da la segunda alerta de tsunami. El caos y la desesperación es total. Me siento abandonada, sola, sin saber qué hacer, otra vez.

Decidimos regresar a casa. Mal hecho.

Era falsa, menos mal.

Ya no puedo escuchar ningún ruido fuerte sin alarmarme, mucho menos una sirena.

El jueves nos llega la energía eléctrica, ¡menos mal! Ya puedo comunicarme con Marcelo, y tengo acceso a internet.

El viernes mi padre improvisa una antena. Podemos ver televisión.

Todo es horrible. De las caletas no queda nada. Hablo de Iloca, Boyeruca, Loanco. Chanco, Constitución, Pelluhue, Curanipe, Llico, están devastadas. El casco viejo de Talca se vino a bajo, todo el centro también. La región del Biobío sufre, Dichato, Talcahuano y toda la provincia de Arauco sin esperanza.

Es sábado y se realiza una Teletón Nacional: Chile ayuda a Chile. Se recaudaron $30.000.000.000, el doble de la meta inicial.

Desde el lunes tenemos sólo 6 horas para salir a la calle, a partir de las 12 del día. Eso permite que arriben camiones con ayuda a la zona y que la ciudad comience a caminar lentamente otra vez.

Chile se moviliza, varios voluntarios intentan ayudar.

Es domingo y llueve. Vamos al Líder, allí arman canastas familiares. Vamos a pie por el Juan Pablo II, que ya no se podrá utilizar.

Aún muchos sin energía, agua y comida.

Ya es martes y Marcelo viene por mí. Nos vamos a su casa. La comida escasea pero en varios lugares venden algunas cosillas "básicas". Las colas son enormes. Hoy ya se puede pasar el puente sin estar estancado 7 ó 4 horas. Aún hay comunas que no reciben ayuda. En Lota y Coronel no hay nada, lo saquearon TODO.

Hoy el toque de queda se alarga, ahora es de seis de la mañana a nueve de la noche.

Es miércoles y vamos a Chiguayante y al centro de Conce. Tengo miedo. Muchos negocios saqueados. Muchos edificios desalojados con peligro de caer. Hay que transitar con cuidado, todo ha sufrido daños no menores.

Es jueves de nuevo y hay otra alerta de tsunami. Estoy en Penco y la gente en los cerros no se alarma. De nuevo no sucede, gracias a Dios.

Vuelvo a casa. Traigo harina, levadura y aceite.

Viernes. Todo mejor. Ya no hay colas para bencina. Hay un par de puentes mecano absolutamente habilitados en el puente Llacolén, el único sobreviviente. Hoy comienza la restricción vehicular. Marcelo no puede venir a verme. Se acorta el toque. Ahora se puede transitar hasta las 23:00 hrs.




Carla Coronado Leiva, Mis nuevos ojos [Un puñado de sentimientos.]

Tengo un par de ojitos nuevos... y un corazón lleno de pesares.

Y tengo miedo...

Es de noche y lloro, lloro, lloro... lloro por mi gente linda, mi gente querida que sufre, que tiene hambre, que tiene frío. Lloro por las vidas que se perdieron, y por las historias de horror que se tejieron. Lloro por las familias separadas paras siempre y por los pequeños que quedaron solitos. Lloro porque es injusto, porque no hay explicación. Lloro porque están solos y no puedo hacer nada por ellos. Lloro porque siempre a los más pobres les toca lo peor. Lloro porque son gente de esfuerzo, lloro porque ahora están en la calle, lloro porque lo perdieron todo, el sacrificio de toda una vida.
La tristeza me carcome el alma, me envuelve con su manto gris y no me suelta. Es una niebla densa que no escarmienta; todo es oscuridad, todo es miedo, todo horror.
Estoy perdida, camino por las esquinas. No soy nadie, estoy vacía, el mar se lo ha llevado todo, todo.
Ya no puedo caminar, ni siquiera gritar, ni siquiera llorar; todo es un desierto eterno. No hay escapatoria, no me puedo levantar.
No hay rumbo, no hay nada. Sólo tristeza, y desesperanza, y oscuridad, y odio y resentimiento...

¿Qué puedo hacer yo por ti, mi Chile querido?

Entonces me seco las lágrimas, me refriego los ojitos y me levanto... y me arreglo las polleras y me arremango -Dejémonos de llorar y vayamos a trabajar miércale, ¡a levantar Chile se ha dicho!-. Todo sea por el corazón de mi gente; para devolverles la esperanza, la fe, el amor. Fuerza mi Chile querido; hay que levantarse, y para levantarse hay que trabajar.

Y sonrío. Sonrío porque hay tantos a mi lado dispuestos a todo por los demás, sonrío porque el amor existe y se puede palpar, y sonrío porque la mayoría supo volver a lo esencial (eso que es "invisible a los ojos"). Sonrío porque este es un país por el que vale la pena vivir, porque este es un mundo por el que vale la pena vivir... vivir para amar.

¡Fuerza Loanco, fuerza mi caleta querida!
Ustedes que de la nada surgieron y se vistieron de progreso, ustedes que de la madera pasaron a la fibra (de vidrio), ustedes que cambiaron el remo por el motor, ustedes que pescaron y bucearon, ustedes que supieron organizarse, ustedes que ahorraron, ustedes que los gritos los reemplazaron por un frigorífico, ustedes que no desistieron, ustedes que se capacitaron, ustedes que capacitaron, ustedes que viajaron, ustedes que de la "suerte del mar" pasaron a los cultivos, ustedes que construyeron su sede, ustedes cuyos pies cambiaron por ruedas, ustedes que areglaron sus casas, ustedes que lograron restaurantes y negocitos, ustedes que se adjudicaron proyectos, ustedes que de ser una caleta olvidada pasaron a ser un balneario más en el mapa, ustedes, los que cambiaron bueyes por tractores... ustedes; los que tienen la fuerza para seguir.

Quiero comer chocolate y compartirlo... compartirlo con sus amigas de Talca y de "Conce", y con los niños de Iloca, de Boyeruca, de Conti, de Pellines, de Loanco, de Chanco, de Pelluhue, de Curanipe, de Dichato, de Talcahuano, y de Llico, y de...

¡Vamos, vamos! Vamos a oponer a la oscuridad, la fe; a la desesperanza, la esperanza; al odio, el amor... Siempre hay esperanza contra toda esperanza.


Jorge Drexler, Saludo para Chile

Quien en Chile un día vibró,
tiembla cuando Chile tiembla,
llena sus ojos de niebla
si oye que Chile lloró.
Si lo digo es porque yo
llevo en el alma la estela,
la mejor escarapela
que tuvieron mis canciones:
en Chile mil corazones
que hoy pasan noches en vela.


Nano Stern, Décimas Revueltas

En estas horas movidas
desde lejos los abrazo,
los afirmo como un lazo
frente a esta fuerte estampida.
Al igual que nuestra vida
se sacude nuestra tierra
y así cada quién se aferra
a los que quiere de verdad.
Por eso mando pallá
mi firmeza verdadera.

Tanta pena siente el alma
por todos esos hermanos
de Parral y Talcahuano
que sufren con este drama
y que quedaron sin cama.
Ojalá que con el canto
espantemos al espanto
de nuestra patria aturdida
por sus ciudades caídas
y sus réplicas de llanto.

Curicó se vino abajo,
Concepción se destruyó,
Juan Fernandez se borró,
y en Talca se abrió un gran tajo.
En mi corazón yo viajo
y acompaño en el sufrir
a quienes han de vivir
sepultando a sus queridos.
Y por eso, mis amigos
esto les quería decir:

En estas horas fatales
solo quiero agradecer
a la vida por tener
tantos amigos reales.
Antes que lleguen más males
yo les quería decir
por si me toca partir
que los quiero como hermanos.
Ojalá que estén bien sanos
y coleando por ahí!




Cristián Warnken, Chile de memoria

"Si uno se quedaba callada, podía escuchar los lamentos. Hubo gente que quedó aplastada y no murió. Si uno se detenía a escuchar, parecía que todo Chillán estaba llorando". Estas palabras son de Draumelia Sotomayor, sobreviviente del terremoto de 1939.

"Valdivia quedó completamente aislada del resto del territorio. Los primeros informes oficiales se referían a Concepción, Chillán y los pueblos aledaños. Nadie mencionaba a Valdivia. Siendo ya las 0.35 hrs., una improvisada radioemisora logró ser instalada en un potrero de la Isla Teja, y Valdivia pudo comunicar su verdad, provocando un impacto tal en el resto del país, que no pudieron evitar llorar como niños". Valdivia, 1960.

Nací en 1961, mi primer llanto fue a finales de enero, meses después del terremoto y maremoto de Valdivia, mis primeras lágrimas cayeron -como las de muchos de los que me están leyendo- sobre esta tierra, y no en otra.

Estoy aquí, escribiendo estas líneas, mirando amanecer sobre estas cordilleras puras y solemnes, pero no estoy solo, aunque la ciudad duerme. Dentro de mí están todos mis antepasados, los que murieron tragados por la tierra o el mar, los que quedaron huérfanos, los que perdieron todo en temblores sin fin, pero decidieron no arrancar de esta latitud extrema y abismal.

Cuando miro este cielo, esta luz y respiro este aire, lo estoy haciendo por ellos, porque somos los ojos de los que ya no están aquí.

Yo soy los ojos de Arcadio Warnken, remoto pariente de nombre fundacional, cuyos restos deben haberse sobresaltado en estos días con las sucesivas réplicas en algún cementerio de Concepción. Yo soy el abuelo que no conocí, Manuel Warnken Benavente, que murió de una enfermedad contraída en Chillán, en 1939, después de haber ido a cumplir su función pública de ayuda a la ciudad caída. "Un hombre bueno" -me decía mi padre, que perdió al suyo cuando era un adolescente-. Hombres y mujeres buenos, "en el buen sentido de la palabra, buenos" -como dice Machado-. Si al mirar yo, ellos también están mirando conmigo, no quiero ver entonces los actos deleznables, los pillajes abyectos de estos días; no quiero ver la rufianería de los que construyen y venden edificios de la muerte; no quiero ver toda la ruindad que las catástrofes de esta magnitud dejan siempre al desnudo. No vale la pena, la pena que ahora nos está partiendo el alma.

Por eso, he hecho un trabajo de "edición" de las mejores imágenes que merecen ser guardadas en mi retina y la de mis muertos. He levantado mi propio archivo de lo que se puede rescatar de entre los escombros de este terremoto de 2010.

Lo he hecho porque no quiero olvidar al Chile profundo que parece haber sido borrado del mapa para siempre. "Sólo saben lo que fue Chile, los que lo han perdido", dijo con mucha nostalgia, en una ciudad de Italia en su exilio, en el siglo XVIII, el jesuita visionario Manuel Lacunza.

Por eso he decidido ver una y otra vez a Francisco Melo, un hermoso anciano que abrió su pozo secreto de agua para compartirlo con todos sus vecinos de Hualpén, y que al preguntarle cuánto cobraría por ello, se rió con un "Noooo" salido desde el fondo de su alma, pura, como el agua de su pozo.

Por eso estoy viendo al capitán Carlos Pinto, buzo táctico de la Armada, que no ha parado de buscar en las aguas de Constitución el cuerpo de un joven desaparecido que prometió devolverle a un padre desesperado. Por eso no quiero dejar de ver la sonrisa de Viviana con su hija nacida en un hospital de Angol el 27 de febrero a la hora exacta del terremoto y a la que las matronas, que nunca la dejaron sola, bautizaron como "Terremotita".

No me canso de mirarlos y escucharlos. Y, conmigo, los que ya no están, también los ven. Y entonces siento que no somos pura ruina. Y Cobquecura, Curanipe, Dichato, Constitución vuelven como los versos perdidos de un largo poema herido en la memoria, recitado una y otra vez por sus vivos y sus muertos: Chile.




Colectivo de varios, Llamado

Llamado a los medios de comunicación para informar lo que sirve, lo que enaltece y lo que multiplica la esperanza.

Un joven arriesgó su vida por salvar a una anciana atrapada. Una mujer ayudó a bajar a los niños de la vecina desde un piso 14. Un hombre se lanzó al agua para rescatar a su vecino. Un bombero salvó a un niño un segundo antes del derrumbe. Un carabinero dejó pasar a una mujer que buscaba leche y pan para sus hijos. Un niño cuidó y salvó a sus hermanos porque sus padres no estaban. Una camarera protegió a los turistas desesperados. Un pescador enfrentó las olas para salvar a unos desconocidos. Un grupo de estudiantes universitarios se quedaron para ayudar a los damnificados. Un alcalde ha luchado sin parar junto a su pueblo. Un comunista salvó a un derechista. Un narcotraficante está repartiendo agua y alimentos. Un conscripto rescató a un teniente. Un centro de padres organiza una campaña solidaria. Un partido político llama a sus militantes a ayudar. Una lola del barrio alto se fue a repartir comida a los barrios duros. Una jefa de hogar donó la mitad de sus frazadas. Un maestro prestó sus herramientas. Una profesora se fue a cuidar niños a la caleta desolada. Un grupo de derecha pierde la vida por querer solidarizar. Un cura va por las calles abrazando a los sin casa, sin pan y sin abrigo. Un patriota iza la bandera en medio de la catástrofe. Un cantor ayuda a reparar la vieja casa en ruinas. Un funcionario público olvidó que era sábado y domingo. Un famoso de la tele ofrece su casa. Un médico atiende a los heridos sin pedir nada a cambio. Una monja acarrea agua. Un boy scout enseña a hacer fogatas para enfrentar el frío. Un vagabundo comparte su único pan. Un boliviano ofrece un vaso de agua a un chileno. Un chileno le da albergue a un peruano. Todos abrazan a quienes perdieron a sus seres queridos. Un ingeniero da horas de trabajo para reconstruir un pueblo lejano. Una chilena se comunica con el mundo y organiza ayudas. Un banquero abre crédito blando para reconstruir. Una niña dona sus juguetes. Un poeta se arremanga y toma la pala para despejar el camino. Un flaite salva a un empresario. Un país entero se rescata. Un país entero resiste el terremoto y el tsunami.

Agregar que la prensa de Chile olvidó la farándula, olvidó el festival de Viña y se preocupa por Chile. Que Martina de 12 años tocó la alarma de tsunami en la Isla Juan Fernandez y que un botero heróico salvó vidas en el río, aunque en uno de sus viajes murió, dio su vida por los demás. Un grupo de vecinos se organizaron y le llevaron sandwichs y galletitas a otro grupo que dormía en la calle y así se puede continuar... y seguir agregando noticias buenas.

Este terremoto y tsunami muestra al Chile de verdad. Los valores que importan florecen, las mezquindades también... ya nadie oculta su esencia.

Los saqueos y robos muestran la realidad, también, pero no es la mayoría, y reflejan un sistema educativo funesto y una sociedad egoísta; ya no podemos andar por el mundo con la máscara de los mejores... ¡y esa es una buena noticia!
Las construcciones patrimoniales fueron destruidas para construir edificios de mala calidad que han sido el negocio de inmobiliarias irresponsables, esto llega hasta aquí no más. Se acabó el negocio inmoibiliario. Se acabó la sonrisita mostrando los dientes de Pepe Cortisona. Se acabó el delirio de los celulares inservibles, el delirio por el consumo, ¿para qué? Si cuando deben funcionar no pasa nada. Se acabó nuestra sociedad superpróspera de mentira. Arriba con los sumarios contra las constructoras. Éstas son buenas noticias.

Lo que verdaderamente importa es si somos capaces de ser solidarios, de regalar y soltar nuestros apegos, de vivir cada momento porque en cualquier momento se nos mueve y acaba todo.

Estas son las noticias más verdaderas. Estos son los héroes de Chile hoy, aquí y ahora.




Felipe Berríos, Un doble terremoto

El reloj marcaba las 3:34 de la mañana del sábado 27 de febrero cuando comenzó a moverse la tierra en gran parte de Chile. En los primeros segundos muchos pensaron que era un temblor más a los que nuestro país ya nos tiene acostumbrados. Sin embargo, el temblor no se detenía e insistentemente aumentaba cada vez más su intensidad. Por dos minutos y medio -y en el epicentro aún por más tiempo- todo se sacudió. Ya no era un fuerte temblor sino que un gran terremoto acompañado en algunas zonas costeras del país de un destructor maremoto.

Se lo ha catalogado como el segundo terremoto más grande de nuestra historia. Sin embargo, la infraestructura del país, sus casas y edificios soportaron bien el embate. La mayoría de las viviendas que sucumbieron eran construcciones viejas no antisísmicas y muchas de adobe. Quizás lo que más causó muerte y daños fue la furia del mar, que en ciertos puntos geográficos arrasó con todo.

Fuera de aprender de lo vivido y prepararse para una próxima vez, humanamente no podemos detener los caprichos de la naturaleza que cada cierto tiempo se las ingenia para recordarnos nuestra fragilidad.
Pero esta vez ha habido un verdadero doble terremoto. Pues junto con la muerte y los destrozos materiales propios de un fenómeno de esta magnitud, el país también ha sufrido otro tipo de daños causados por ciertas “fallas estructurales graves” en el plano valórico. Que tal vez sean las más difíciles de reparar para el futuro.

El pillaje que se desató no fue provocado por gente desesperada que llevaba semanas sin alimento ni agua. Pues nadie se alimenta ni calma su sed quemando locales y destruyendo, ni menos robando artefactos eléctricos, ropa o artículos de línea blanca. Fue un triste espectáculo, al cual no estábamos acostumbrados. Más bien lo propio de una catástrofe nacional era una espontánea reacción solidaria tanto de las víctimas como de los otros ciudadanos, que si bien es cierto también se dio y con creces, ésta no fue capaz de contrarrestar las actitudes de saqueos y robos que espontáneamente mostraba una desconocida y peligrosa debilidad estructural de nuestra sociedad.

Este nuevo fenómeno social de egoísmo debemos estudiarlo y reflexionarlo. Así como por los estragos del terremoto de los años sesenta el país aprendió a reforzar las construcciones con normas que las hicieron antisísmicas, e hizo posible que ahora la inmensa mayoría de las viviendas e infraestructuras soportaran bien este terremoto, así también debemos detectar las fallas sociales y aprender la importancia de desarrollar medidas que refuercen los pilares valóricos sobre los que está construida nuestra sociedad.

Los expertos dicen que la fuerza de este terremoto se debe a la liberación de energía acumulada por años por el encuentro de las placas que componen nuestro subsuelo. El terremoto social que produjo saqueos y destrucción se debe tal vez a una parte de la sociedad que imperceptiblemente ha ido acumulando por años decepción por sentirse marginada del desarrollo y que lentamente ha ido corroyendo sus valores por el desengaño y los antivalores. Así, injustificadamente, ha liberado toda la frustración acumulada en un comportamiento explicable sólo en quienes no tienen nada que perder.




Patricio Hales, El terremoto valórico

En los saqueos se cayeron varios pedazos del alma de Chile. Pero su estructura fundamental aún está en pie.

Al frente de los que robaban televisores, destruían cajeros, asaltaban casas, y desmantelaban autos, aprovechándose del terremoto, aparecía la voluntad de miles de personas que sienten crecer el sentido de sus vidas sacrificándose para ayudar a los que sufren. Con ellos reapareció la solidaridad que Leopoldo Castedo dijo que echaba de menos cuando le preguntaron qué le faltaba si comparaba el Chile de los 90 con el de su llegada en el “Winnipeg”.

Pues, junto con comprender a una madre que roba leche porque su guagua no tiene ni agua limpia para sobrevivir, clamábamos castigo para los que, riéndose frente a la televisión, llenaban carros, camionetas, carretillas de mano, sacos, autos y sus brazos para arrancar con lo que pillaran. A las pocas horas pedíamos a los militares en las calles. Pero los valores no se construyen a balazos. En la “La Tierra Permanece” de Sturgeon, la poca humanidad sobreviviente al desastre nuclear, abusaba del abandono para acaparar el mundo material a su disposición, mientras otro grupo comenzaba a reconstruir la sociedad estableciendo el orden básico desde donde volver a partir. En Chile en cambio, el terremoto no destruyó los valores de la mayoría.

El remezón dejó en evidencia la degradación humana de un grupo de personas que ha ido perdiendo algo profundo de su espíritu que deberemos atender cuando terminemos las primeras tareas materiales. Solo una grieta grave en los cimientos de su formación familiar, puede haberlos llevado a asaltar con alegría, algunos junto a sus hijos para robar en la impunidad de la turba y el descontrol mientras el país sufría la catástrofe.

El terremoto demostró la fragilidad estructural de los valores éticos y morales de una parte de nuestra humanidad de país. En estos días vimos esa falla en algunos pobres y menos pobres, pero que en el día a día, de otra manera, si miramos bien, la veremos en otros abusos de aquellos que tienen buenos ingresos. Una descomposición valórica de pobres y ricos, un poco consecuencia del hedonismo de la cultura del poseer por sobre el respeto mutuo; la felicidad de tener las cosas por cualquier medio, más que las ganas de ayudar al caído o la alegría de dar alivio. El aprecio a la marca del auto, el reloj o la polera por sobre el valor de la persona. Una falla de construcción en el alma que cruza a ricos y pobres. La diferencia está en como la expresan. Unos en masa y gritos de venganza, los otros con silencioso refinamiento.

Nótese que la velocidad de respuesta con que la poblada inició el saqueo demuestra además un destape lleno de odio. Una odiosa ansiedad por apropiarse o destruir aquello que representa las desigualdades, las diferencias odiosas. Tenerlo o incendiarlo. Y no es culpa de la pobreza pues la pobreza no es lo mismo que desigualdad y los pobres no son delincuentes por su condición. La mayoría de ellos se marginó de los saqueos e incluso fueron víctimas. Los asaltantes son los terremoteados del alma, los que sufren las grietas del odio vengativo generado por las desigualdades y el envilecimiento. Son fruto de la descomposición ética de un edificio social cuya estructura diseñamos mal y que construimos mal.

Los saqueos no fueron simplemente falta de policías. Es algo más de fondo que nos falló en la edificación del alma de nuestra sociedad.

Y al frente quedó en pie esa gran mayoría del Chile solidario. El sismo demostró la firmeza de esa gran cantidad de chilenos que están en las calles dando su amor a los demás sin pago de dinero alguno. Los médicos que no duermen, los militares que cuidan en toque de queda más allá de su sueldo, la pobladora de Constitución que solita abrió su patio para dar albergue y arroz caliente a 11 personas, los estudiantes con los que estamos catastrando los daños en cada casa o edificio en el norte de Santiago, los modestos pobladores de la Villa Santa Mónica que cooperaron con mercadería en la misa del Padre Jaime en el atardecer de la Plaza de La Valleja, los Techo para Chile , las redes solidarias en Internet, los que donan calladitos sin aviso en los diarios.

Ese es el gran parque edificado con fierro y hormigón del bueno donde los valores no muestran fisura alguna. Es importante constatar que esas son las fundaciones intactas del Chile bueno, que existe, y que puede ayudar a hacernos pensar qué hemos hecho, o qué hemos dejado de hacer, para que en otros se hayan producido los daños tan dolorosos que agrietaron el alma de Chile.




Fernando Villegas, La pistola al cuello

El terremoto del sábado ha sido un evento devastador, pero también revelador. Ha sacado a la luz debilidades acumuladas a lo largo de años en el completo edificio de nuestra sociedad, frutos venenosos de políticas -públicas y privadas- y de procesos sociales cuyas semillas se sembraron a partir de 1973, se abonaron en los años sucesivos y se regaron generosamente desde 1990. El resultado es una mezcla explosiva de aspiraciones adquisitivas con una distribución del ingreso que impide a muchos satisfacerlas y de dos generaciones de chilenos pobres -padres entre 25 y 40 años, hijos de entre 10 y 20- criados casi sin control parental ni escolar. A ese combustible se agrega como comburente la hegemonía ideológica de las doctrinas acerca de los derechos humanos, las cuales en muchos casos -legales, judiciales, etc- han sido llevadas a tales extremos de lenidad y obsecuencia, que entorpecen gravemente la determinación o voluntad del Estado para preservar el orden público.

De esto último han sido muestra los saqueos masivos. Para describirlos, la autoridad ha usado un lenguaje eufemístico hablando de "delincuentes" y de "lumpen". Eso de por sí ya sería bastante malo, pero los videos y fotografías revelan algo aun peor: protagonistas han sido también y en número abrumador, gente común y corriente, la clase de personas con las cuales usted puede toparse en su oficina o en el bus. En una sociedad sana, el pillaje queda reducido a la acción de delincuentes y también de los ciudadanos más marginales; una sociedad enferma, en cambio, revela lo que vimos, a saber, no sólo que dichos delincuentes y vándalos son legión, sino que también hay cero autocontrol por parte de muchos ciudadanos y cero eficacia de la fuerza policial para controlarlos por mera presencia.

¿De qué extrañarse respecto a esto último? Por 20 años la Concertación no hizo sino debilitar el concepto mismo de "orden público", expresión que a oídos de su gente suena a cavernaria opresión "del pueblo". Todo acto de autoridad rigurosa se convirtió, en ese período, en tabú. En el colegio se deterioró la autoridad de profesores y directores, quienes quedaron a merced de un alumnado dotado de infinitos derechos; en la calle se acusó una y otra vez a la fuerza pública de "excesos", tanto en tribunales como en la prensa, cada vez que encaró con decisión ataques incluso letales contra sus miembros; en el discurso de muchos se legitimó abierta o tácitamente a los "combatientes" con tal que dijeran representar una causa justa; en la justicia se trató con lenidad a asesinos políticos si acaso su background era "la lucha contra la dictadura"; en fin, siempre hubo razones para justificar la conducta antisocial haciendo de sus hechores víctimas inocentes "del sistema".

¿A qué asombrarse entonces que grupos masivos de ciudadanos se crean hoy con derecho al pillaje si se da la oportunidad? ¿De qué pasmarse ante el infantilismo, convertido rápidamente en agresión, con que algunos piden "soluciones" en cinco minutos puesto que fueron criados bajo la doctrina del Estado paternalista, único salvador y defensor de los pobres, como todavía se dijo en la reciente campaña presidencial? Por eso la imagen del carabinero poniendo una pistola en el cuello de uno de los miserables entregados al pillaje es una notable excepción, pero también una muestra de hasta dónde es preciso llegar cuando métodos menos elocuentes ya no hacen mella. Y es una valiente excepción, porque hace ya mucho tiempo que el carabinero teme siquiera levantar la voz, no sea que le abran un sumario, se le eche del servicio y se le lleve a juicio. De eso es muy consciente la inmensa cantidad de ciudadanos resentidos, frustrados y llenos de instintos destructivos y depredadores que ha criado el sistema por las razones expuestas más arriba. Se sienten con esa sensación de derecho a cometer delitos que otorga la impunidad. ¿"Por qué yo no", dijo una mujer que se llevaba objetos robados de una tienda, "si lo hacen todos? Y pudo haber agregado: "y nada nos va a pasar porque somos el pueblo". De ahí que sea la sociedad, no ese punga, quien está hoy con la pistola al cuello. Y que, en la hora mona, deba sacarse al Ejército a la calle.

viernes, 26 de febrero de 2010

T.I.A. (This is África)

[Al abrir los ojos hoy, como a diario, comienzo a soñar... y sueño que me atan alas blancas grandotas a la espalda y vuelo... vuelo a acompañar a quienes me necesitan, a esos que me he esforzado por no escuchar. Vuelo por Latinoamérica, al Caribe, a África. Me sueño valiente, decidida... me sueño convencida, me atrevo. Y me despierto, aquí; cómoda, calentita, cobarde. No entristezcas, Carla; mañana serás valiente.]




África es el continente más pobre del mundo. La pobreza se acentúa aún más en el África Subsahariana, "excepto" en Sudáfrica, el que el considerado el país más rico de África y que reporta un 25% del PIB total del continente (a pesar de que los sudafricanos tienen otros problemas, como el racismo).

Los peores problemas del África Subsahariana están lejos de ser la desorganización política y la falta de democracia... es nada menos que el sida y el hambre.

La realidad de África es terrible. Entre sus penas se cuentan la degradación ambiental, el analfabetismo, la violencia, la extrema desigualdad económica y los gobiernos (en su mayoría de facto) que operan como mafias –o simplemente lo son- distribuyendo lo poco o nada que hay. En Ámerica Latina las condiciones son ciertamente mejores que en África, la única realidad que se asemeja a la del continente negro es la de Haití, que es, por lejos, el país más pobre de toda América.

Es triste, el continente negro sufre y no avanza.

¿Por qué, por qué no han salido adelante como otros continentes? ¿Por flojera? ¿Acaso tenían razón los gringos al oprimir a los negros? ¿De veras son una raza inferior, tal como los judíos a los ojos de Hitler? ¿Son los negros menos inteligentes, más tontos... menos personas?

No, no es nada de eso. África está así porque a alguien le conviene que siga así... ¿a quién? A los monstruos, a los grandes monstruos desarrollados. Es el egoísmo, una vez más, el egoísmo de la humanidad, el culpable del desastre de la humanidad. Es el egoísmo de las mafias blancas y las mafias negras el que mantiene sumida a África en la más inhumana pobreza.

[La culpa] Es de los que no han soportado el atraso de su situación (una tierra rica sin explotar) y han querido intervenir. Es de ésos que, como dijo Bolívar refiriéndose a la postura de Europa sobre Américalatina, "No los dejan vivir tranquilos su Edad Media [¡carajo!]". Y ésos les han obligado a insertarse en el libremercado que domina este mundo, y que les exije todo lo que son capaces de producir a cambio de unos cuantos pesos asquerosos. África no es culpable de no haber desarrollado grandes imperios, no lo requirieron, la evolución no lo demandó... y no es pecado haber llegado a ser sólo banda, ni tribu, ni jefatura, en vez de estado. No por eso "necesita" que alguien vaya a (im)poner "orden". Démosles tiempo a nuestros hermanos africanos, ¿quién puede adjudicarse el derecho de decir su futuro?

La culpa es, también, de los blancos que pretenden enriquecerse a costa de los negros, y de los negros que se olvidan de sus compartriotas negros. Es de esas mafias blancas se aprovechan de la falta de cultura de los negros, de los pobres negros africanos... y los convencen, les ofrecen dinero y poder. Y los negros caen, caen como moscas. Sacrifican a su gente por un puñado de monedas [y lo vienen haciendo desde hace tanto tiempo, ¡los hermanos-negros son de África no de Brasil!], y por ese brebaje amargo que calma a sed de poder de sus gargantas. Pecan de ambiciosos (y no tienen justificación), pero también de ignorantes, y es que en África escasean las oportunidades. Tal vez den ganas de decir que los africanos también son culpables, por no organizarse, por no luchar... pero lo cierto es que no tienen la educación necesaria, y a nadie se le puede culpar por su falta de oportunidades.

Y los que más sufren al final del día son los pequeños. Porque en África los niños mueren de hambre y aún las tribus se matan entre ellas, aún luchan por un territorio en vez de aprender a convivir como hermanos. Parece increíble pero muchos grupos aún viven su prehistoria.

Y así es como África se hunde, cada día más, en la más desarrapada pobreza. Las guerras civiles, los golpes de estado, los atentados, el hambre, las enfermedades, la inmundicia, el sida, entre otras cosas, no permiten a los negros hermanos salir adelante.

Pongámonos todos una mano en el corazón. A los que se benefician de los más débiles digo: Leave them alone, please; ya fue suficiente. A nosotros, los pasivos, los que no hacemos nada nos digo: Tenemos una deuda pendiente, compañeros, es hora de actuar.

Es cierto que usualmente la ONU envía misiones al África orientadas, en su mayoría, por la lógica de intervenir para producir consecuencias políticas y crear condiciones de democracia. Ninguna realmente para recomponer el escenario social, económico y político de los países en cuestión. Tal vez sea tiempo de intervenir de otra manera, con otro enfoque.

Entonces, lo digo convencida -Algún día África será una tierra hermosa... se lavarán los campos de ese carmesí que los azora... y de esa misma tierra brotarán la leche y la miel; el día en que dejemos el egoísmo y seamos todos más solidarios, o ellos se aburran y dejen un reguero de sangre que los libere de la opresión-.


Carla.

PD: Recomendaré tres películas para quién no conoce la realidad de África.

- The Constant Gardener (El Jardinero Fiel)

- Blood Diamond (Diamante de Sangre)
- 24 Redemption

martes, 9 de febrero de 2010

Religión y sociedad

[Sí, yo soy cristiana, porque me guío por la doctrina de Cristo, y creo en el Dios creador, el Dios del amor. Y sí, también soy socialista, porque creo en la igualdad, de derechos y de oportunidades.

Sin embargo, enfatizo que no pretendo imponer mi religión y mis credos a nadie. Independientemente de mis creencias y posturas personales, pienso que los demás tienen derecho a creer (en el sentido religioso) lo que quieran. No es que yo sea socialista antes o después de ser cristiana, es sólo que creo en la libertad de pensamiento, expresión y acción (la que termina donde comienza la del otro, of course); yo creo en el libre albedrío para todos.]

Adjunto una columna escrita por Alejandro Canut de Bon, abogado del Observatorio Ciudadano, para el diario virtual El Mostrador. En ella se refleja una opinión que hago mía y que, por lo mismo, reproduzco en éste, mi sitio personal.

Religión y sociedad, por Alejandro Canut de Bon, 16 junio 2009.

En la presente columna nos concentraremos en una diferencia cultural entre Estados Unidos y Europa (y de paso, Chile). En este caso, la que deriva de sus respectivas concepciones religiosas.

Estados Unidos, al igual que Latinoamérica en general, es una cultura más religiosa que la europea (en comparación principalmente con Europa del norte, lo que significa exceptuar España e Italia). Y esto no cambia, a pesar del hecho que Estados Unidos sea mayoritariamente protestante y Latinoamérica sea casi enteramente católica, lo que aparece sólo como un detalle frente a la diferencia ya indicada, y al tema de fondo que deseo destacar aquí; me refiero al rol que socialmente se le asigna a la religión a un lado y otro del Atlántico y la forma en que ésta influye en la vida pública.

Poniendo esto en términos un poco más académicos diría que mientras los americanos son en su mayoría teístas (es decir, creen en un Dios creador del Universo y de todo cuanto existe en él, que nos ha revelado lo que espera de nosotros, que sabe todo cuanto ocurre en la Tierra y que de vez en vez interviene en el curso natural de los acontecimientos para castigarnos o premiarnos), los europeos son en su mayoría deístas (creen en un Dios autor de la naturaleza pero que no ha hecho revelación y que no interviene ni realiza milagro alguno) o panteístas (creen en Dios de manera metafórica, como una suerte de orden y armonía natural del Universo), o derechamente agnósticos o ateos. Esta diferencia se puede explicar históricamente; las dolorosas e infructuosas guerras religiosas vividas en Europa 400 años atrás, las Ilustración y su deísmo, el romanticismo y su panteísmo, o el existencialismo y su corriente atea.

Algunas encuestas demuestran esta diferencia en números: 55% de los norteamericanos creen que Dios creó al hombre (y la Tierra) en su estado actual y un 27% que éste si bien evolucionó, lo hizo guiado por Dios. Sólo un 13% acepta la evolución científicamente hablando. En Europa por el contrario cerca del 70% asigna sólo una interpretación científica al tema. Más de la mitad de los norteamericanos (incluidos muchos políticos, senadores y según muchos la última candidata republicana a la Vicepresidencia) creen -siguiendo las generaciones de la Biblia- que la Tierra tiene 5 mil años de edad (y no 5 mil millones) y que la teoría de la evolución y muchos de los fundamentos de la geología moderna no son más que una falsa hipótesis seudo científica que tarde o temprano demostrará estar errada.

Pero lo interesante de esto no es la diferencia en las creencias en si, sino el como ésta afecta (y a veces infecta) la sociedad en general. Es decir, la influencia que ésta tiene en temas concretos, como por ejemplo en la educación de los menores. En efecto, mientras que en el año 2004 se discutió judicialmente en USA -por segunda vez en el siglo- el rol que debía jugar en la clase de ciencia de los colegios el denominado “creacionismo” -la creencia de que hemos sido creados por un ser superior-, en Europa existe el claro consenso que el creacionismo no tiene espacio en la educación pública. Comprenden estos últimos que la fe, es decir esa certeza absoluta e irracional de que algo es cierto a pesar de carecer de fundamento alguno para ello (recordemos que desde el momento que se cuenta con fundamento racional deja de ser “fe”, y pasa a ser “conocimiento”), es subjetiva, y por lo mismo debe mantenerse en el campo privado y sin consecuencias en la vida pública, y en ningún caso debe inspirar las leyes, ni menos influir en la educación escolar pública. Entienden en resumen -lo que mucho americanos no- que el deber del Estado es promover la educación, no la religión.

Quizás diferencias como estas explican que sólo en Estados Unidos se escuche a un presidente (Bush padre) decir “No sé si los ateos debieran ser considerados patriotas. Esta es una nación bajo Dios”, olvidando por cierto el bello y sabio legado secularista de Jefferson, Franklin, y de la mayoría de los padres fundadores de la independencia norteamericana. Y explique también que mientras el dólar lleva la inscripción “in God we trust“, la libra esterlina lleva impreso -en uno de sus billetes- el rostro de Darwin.

Es curioso pensar que gente en una nación que se ha destacado por llevar el liderazgo en la ciencia, siga tomando en ocasiones de manera literal la Biblia y enseñando a los menores que existe un campo -el religioso- en el que la evidencia racional carece de importancia. En todo caso ellos -los norteamericanos- tienen un mérito que no veo en Chile (ni en el resto de Latinoamérica). En efecto, en Europa la gente sabe que la religión es subjetiva (y por ello la confinan a lo privado). En Estados Unidos ello muchas veces se discute (es decir están conciente que algún límite debe tener la influencia de la religión, pero aún discuten dónde establecerlo). En Chile y en el resto de Latinoamérica el tema muchas veces ni siquiera se discute, lo que lamento pensar significa que ni siquiera se advierte por muchos que un límite debe ser establecido. Se sigue considerando que la fe es una virtud, y se sigue pensando -no por pocos- que la iglesia debe inspirar las leyes, los valores y la educación. Simplemente lamentable.

Comentario personal, por Carla Coronado

Lamento, con Alejandro, que en América Latina se siga pensando por algunos que la religión debe necesariamente influir las leyes, los valores sociales y la educación. Como dije, hago mías sus palabras, y coincido también con lo que expusiera en otras publicaciones: "asumir que las creencias religiosas (o al menos una de ellas) gozan de un estatus especial, que las hace incriticables y merecedoras de respeto intelectual universal, o asumir que todo comentario o crítica a ideas religiosas es una falta de tolerancia y una ofensa personal a los que profesan dichas ideas, es algo que me parece errado".

Viva la libertad de credo, viva la democracia [...y que sea el amor el que triunfe, por sobre todas las cosas.].


Carla, la que se esfuerza por respetar.

lunes, 8 de febrero de 2010

Desarrollo sustentable

[Dedico este trozo al profesor Claudio Meier, quien logró sembrar en mi ser la semilla de la conciencia ambiental y la sustentabilidad. De hecho, los dos primeros puntos de este posteo, corresponden a extractos fieles de los apuntes facilitados por el mismo.]


El mundo en que vivimos

Los problemas ambientales a los cuales se ve enfrentado nuestro planeta surgen por lo insustentable que es el estilo de vida moderno, u occidental, donde se tiene básicamente un crecimiento exponencial de todo. Desgraciadamente, la Tierra es evidentemente finita, con espacio finito, materiales finitos, y energía, bosques, aguas, peces, cultivos, etc. con capacidades de renovación finitas, siempre que se les permita renovarse. Este desbalance entre una población y un consumo en aumento, ante recursos fundamentalmente constantes, causa una presión creciente sobre tales recursos y sobre los sistemas naturales que nos sostienen, generando gran variedad de amenazas ambientales y también de sufrimiento humano.

Nos encontramos hoy en un momento muy interesante de la historia de la humanidad, ya que jamás ha habido tanta gente sobre el planeta, ni se ha consumido tantos recursos. La población mundial alcanzó los 6000 millones de habitantes en el año 2000. Desde 1960 hasta la fecha, ¡se ha doblado la población de la Tierra! (piense bien: en 41 años se acumuló lo mismo que se había logrado desde inicios de la humanidad hasta 1960).

Si bien ya pasamos la tasa de crecimiento máxima (que fue del orden del 2.1 % anual, entre 1962 y 1970), el tamaño de la base (lo que llamaríamos capital si se tratase de una cuenta de ahorro) es tan grande, que la diferencia entre nacimientos y muertes sigue aportando en torno a 77 millones de habitantes más al año, una tasa de crecimiento del orden del 1.24 % anual. En otras palabras, hemos pasado el punto de inflexión: la población sigue creciendo rápidamente, pero al menos lo está haciendo a tasas decrecientes. Otro factor a tomar en cuenta, es que una proporción importante de los 6211 millones de habitantes son jóvenes, que están en, o no han alcanzado aún, sus años fértiles, lo que asegura un crecimiento a futuro. Nótese también que una tasa anual de crecimiento del 2%, que parece baja, implica que se dobla la población cada 35 años.

Lo que queda claro es que el crecimiento de la población se detendrá en el presente siglo. Lo que no sabemos es a qué cifra se llegará (según la ONU, el escenario más probable al año 2050 son nueve mil trescientos millones de habitantes), y si es que la población podrá mantenerse en ese nivel máximo, o sucederá lo mismo que en la Isla de Pascua, con un colapso que implicará la muerte de muchos seres humanos. Esto podría ocurrir si se llegase a superar la capacidad de carga, que se define en general como:

“Número máximo de individuos de una especie que puede mantenerse en un cierto ambiente sin hacer decrecer la capacidad de tal ambiente para seguir manteniendo tal cantidad a futuro”

Para el planeta, sería el número máximo de humanos que pueda sustentar la Tierra indefinidamente (lo que implica que no se haga decrecer su capacidad de regeneración con el tiempo). Esta definición, que proviene de la Ecología, no es fácilmente transferible a seres humanos. Las necesidades de un animal adulto, de una cierta especie, son básicamente las mismas; en cambio, en el caso del hombre, es evidente que son factores culturales los que determinarán cómo un individuo satisfacerá sus necesidades. Por ello, a pesar de lo que digan los amantes de la humanidad (en cuanto a números), no tiene ningún sentido plantear, por ejemplo, que la Tierra puede sustentar 25 mil millones de habitantes. Lo más probable es que ni siquiera pueda soportar los que hay ahora, si viviésemos todos como se vive en EE.UU. o en los países de Europa Occidental. Ahora, si se tuviera un estándar de vida tan bajo como el de la India (algo no deseable, por cierto), queda claro que podríamos ser muchísimos.

El punto queda muy bien descrito en la siguiente cita: “No puedo creer que el principal objetivo de la humanidad sea el establecer, mediante un experimento, cuántos habitantes puede apenas soportar nuestro planeta”.

Las razones esgrimidas para fomentar el crecimiento sin límites de la población son variadas: grupos religiosos fundamentalistas toman las escrituras sagradas al pie de la letra, algunos economistas plantean que no habrá suficiente gente activa para mantener a una población que envejece, militaristas y nacionalistas se lamentan que no habrá suficientes soldados para mandar a la guerra o defender los territorios, la gente en países pobres quiere varios hijos varones para asegurar su vejez, etc.

A pesar de esto, en el mundo occidental hoy en día, poca gente cuestiona la necesidad de controlar el crecimiento de la población. De hecho, ha quedado demostrado una y otra vez que al superar los países un umbral mínimo de ingreso per capita, disminuye bruscamente la natalidad, un fenómeno conocido con el nombre de transición demográfica.

Sin embargo, la enorme mayoría de la gente piensa que no sólo es deseable, sino que además necesario, que siga creciendo la economía, lo cual evidentemente plantea otro tipo de problema, que tiene que ver no con cuántos consuman, sino que con cuánto consume cada uno...

Un niño que nace hoy en un país industrializado consumirá y agregará más polución durante su vida que unos 30 a 50 niños nacidos en países en vías de desarrollo. Esta “huella ecológica” de los más ricos es mucho más profunda que la de los pobres, y en muchos casos excede la capacidad de regeneración de la Tierra.

El consumo en el mundo ha aumentado en más de 100% desde 1970, pero el incremento ha ocurrido principalmente en los países más ricos. Sólo en el siglo XX, la economía mundial (el valor de todos los bienes y servicios producidos) creció 17 veces (4.4 veces per capita). El crecimiento económico entre 1995 y 1998 excedió TODO el crecimiento previo a 1900. El del año 1997 excedió el del siglo XVII.

De hecho, desde 1950 a la fecha, a nivel mundial:

- el consumo per capita de cobre, energía, carne, acero, madera se ha multiplicado aproximadamente x2
- el número de autos y el consumo de cemento per capita x4
- el consumo de aluminio per capita x7
- la distancia volada per capita x33

Sin embargo, este enorme incremento en la producción de bienes de consumo no ha beneficiado en forma pareja a todos los habitantes del planeta. De hecho, jamás ha habido tanta gente pasando hambre (en cifras absolutas) como hoy [ver publicación La repartija en este mismo blog. Muchos de los “avances” de los que gozan los consumidores (el quinto más rico de la humanidad), como el hecho de tener casi un auto por adulto, los bienes desechables, el poder comer carne a diario, etc. son realmente insustentables en el largo plazo, aunque no se incrementasen sus números. Si se plantea que los más pobres deben mejorar su estándar de vida, de manera de llegar a vivir mejor, la cosa se complica desde el punto de vista ambiental, aunque lo anterior sea ineludible desde una perspectiva ética.

Los países más ricos del mundo tienen un 20% de la población mundial, y consumen el 90% de todos los recursos, mientras que el 20% más pobre de los habitantes debe subsistir con sólo el 2% de los recursos. Un niño que nace hoy en un país industrializado consumirá y agregará más polución durante su vida que unos 30 a 50 niños nacidos en países en vías de desarrollo. Esta "huella ecológica” de los más ricos es mucho más profunda que la de los pobres, y en muchos casos excede la capacidad de regeneración de la Tierra.

No hay duda el crecimiento económico nos ha permitido (a algunos) vivir más y mejor, pero también es cierto que por sobre un cierto umbral, la relación entre riqueza y calidad de vida deja de tener sentido (felicidad, necesidades, satisfactores de las necesidades). La pregunta obvia es: ¿qué tanto necesitamos para llegar a ser felices? o más bien, ¿con cuánto nos basta?

Tres conceptos fundamentales

Los ambientalistas son personas, que han cambiado su visión de mundo a través de una apreciación de un enfoque global, serio, y holístico, de los problemas del ambiente.

Pueden reconocerse diferentes tendencias, entre ellas:

- Conservacionismo: Uso, manejo, y protección de los recursos de manera que estos sean disponibles en forma sustentable para las generaciones presentes y futuras. Manejo de los recursos según el principio del uso múltiple. Es el enfoque más utilitario, que predica gestionar la naturaleza para el beneficio del hombre.

- Preservacionismo: Plantea limitar el uso humano de algunos recursos importantes, como áreas de zonas silvestres, estuarios, humedales, etc… Pretende proteger estos recursos de las actividades humanas y del "desarrollo", con excepción de la recreación no destructiva, la educación, y la investigación.

- Ecologismo profundo: Propone que la naturaleza existe para todas las especies vivas, no sólo para el hombre. Los humanos no somos más importantes que cualquiera de las demás especies; somos parte de la naturaleza, no conquistadores de ella. Es el enfoque más espiritual, que predica el biocentrismo en vez del antropocentrismo, y considera la destrucción del ambiente como pecado contra la creación.

Mi postura política socio-ambiental

Yo estoy por un conservacionismo+preservacionismo, según las definiciones que adjunté más arriba. Estoy por un desarrollo sustentable, pero además, por la preservación de la naturaleza intacta en ciertas zonas delimitadas.

También creo que jamás deben desatenderse las externalidades negativas que provocan los impactos ambientales. Sombre todo en materia social, de hecho, hoy se habla de problemas socio-ambientales al referirse a los anteriormente llamados problemas ambientales.

De la contingencia ambiental del Chile actual

El problema que vivimos en el Chile de hoy, según mi humilde opinión, es que no logramos asimilar el concepto de desarrollo sustentable. Por ejemplo, las centrales hidroeléctricas que se han propuesto construir en nuestra Patagonia son del "tipo" de las que se dejaron de construir en los años '40 en USA (lo digo con conocimiento de causa, of course). No niego que necesitamos más energía, pero también tenemos que proteger nuestro medio, nuestro ambiente. A mi juicio, y tomo mi opinión de un doctor especialista en ambiente, se necesitan proyectos ambientalmente más amigables... y profundos estudios de impacto ambiental (de calidad).

En resumen, para "sanear" la cosa hay que meterle más lucas (para estudios y propuestas), creo yo y es una humilde opinión semi-ignorante, lucas en beneficio de nuestro entorno, de nosotros. Todo, acompañado de santuarios de la naturaleza que se preserven intactos, que permitan conservar lo nuestro sin intervenciones. Éstas son sólo opiniones, hacen falta estudios de calidad en el tema, hace falta menos egoísmo y más lucas (más solidaridad, más amor)... que, a las finales, son lo que siempre hace falta. Lamentablemente, para los que toman decisiones la cosa siempre tiende a inclinarse por "más lucas hoy" en el bolsillo, que "más lucas mañana" en el bolsillo y/o en el corazón.

Hay quienes defienden la idea de priorizar las necesidades de primera/segunda generación, por sobre las de segunda/tercera... lo respeto, es una decisión complicada, dolorosa.

Hay quienes exigen consecuencia a los ambientalistas (ecologistas-profundos), demanda que comparto...

A mí modo de ver es necesario abrir un diálogo amplio, donde estemos dispuestos a transar y a dejar el egoísmo de lado, a exponer ideas, a escucharnos unos a otros... a poner en la balanza y decidir juntos. Si vivimos en democracia, hemos de ser capaces de practicarla.

Entonces lo repito para no olvidarlo: La clave está en menos egoísmo y más corazón.


Carla.

domingo, 7 de febrero de 2010

La repartija [¡Ta' mal pelao' el chancho, ¿ah?!]

[Tantas veces preferiría la ignorancia a la realidad... el conocimiento acrecenta cada día la carga de mi espalda (cuando leo una noticia, un reportaje, (ad)miro una foto, veo una película), y es que el conocimiento me hace reponsable... y sigo aquí, tecleando, viviendo...

Por otro lado, a mayor conocimiento, mayores herramientas y posibilidades de hacer algo. Pero, ¿y si no se hace nada?...]


Así está la cosa

El consumo en el mundo ha aumentado en más de 100% desde 1970, pero el incremento ha ocurrido principalmente en los países más ricos. Más de la mitad de la población mundial vive con menos de dos dólares diarios (menos de $40.000 al mes), y un quinto vive con menos de un dolar diario, en una condición de pobreza absoluta.

Sólo en el siglo XX, la economía mundial (el valor de todos los bienes y servicios producidos) creció 17 veces (4.4 veces per capita). El crecimiento económico entre 1995 y 1998 excedió TODO el crecimiento previo a 1900. El del año 1997 excedió el del siglo XVII.

Sin embargo, este enorme incremento en la producción de bienes de consumo no ha beneficiado en forma pareja a todos los habitantes del planeta. De hecho, jamás ha habido tanta gente pasando hambre (en cifras absolutas) como hoy. La tabla más abajo es una clasificación muy simple de los 6000 millones de habitantes en tres niveles de consumo.


La triste verdad es que hace ya varias décadas que los países más ricos siguen haciéndose cada vez más ricos, distanciándose más y más de los más pobres; cada día no sólo hay más riqueza, sino que más disparidad. Además, el 95% del crecimiento poblacional en el siglo XXI ocurrirá en los países más pobres, agravando los problemas para los que ya tienen menos.

Los países más ricos del mundo tienen un 20% de la población mundial, y consumen el 90% de todos los recursos, mientras que el 20% más pobre de los habitantes debe subsistir con sólo el 2% de los recursos.

En Chile, nuestro país, las clases media-alta y alta pertenecen al club de los consumidores, las clases media-baja y baja al grupo de ingresos medios. La clase media propiamente tal está entre esos dos niveles, y hay un porcentaje muy reducido de chilenos que son tan pobres como para poder incluirlos en el tercer grupo.

En Chile, la pobreza se entiende como una situación que vulnera los derechos de las personas y relativiza su ciudadanía, al atentar directamente contra el principio de igualdad y no discriminación, derechos básicos que deben ser garantizados a todos. Aquí, la pobreza se atiende como una situación de insatisfacción de ciertas necesidades básicas y de carencia de oportunidades. En otros lugares, la pobreza implica morir de hambre.

Problemas de primera, segunda y tercera generación...

En Chile surge, de tanto en tanto, el siguiente dilema: "problemas urgentes (de primera/segunda generación) vs. crecimiento/desarrollo (de tercera generación)". Lo descrito constituye un problema no menor, una decisión difícil [¿para quién serán las lucas?]. Hay quienes priorizan las necesidades de primera generación, hay otros, que están por crecimiento...

Y miro a Chile, mi tierra querida, y veo un Chile en vías de desarrollo, un país que ya no lucha por las demandas del pasado... el Chile que hoy soñamos no es el mismo que soñáramos antaño; hemos crecido. Han surgido nuevas necesidades, hay otras que aún están pendientes. A mi juicio, no está mal querer crecer, tampoco condeno/apoyo a quienes optan por las necesidades fundamentales; es cuestión de política...

Sin embargo, mientras nosotros, los ingleses de latinoamérica, nos sumergimos en cultura y admiramos a La Pequeña Gigante y su Tío Escafandra [cultura, "tercera generación"], en Haití los pobre negros, nuestros hermanos, se mueren de hambre.

No me malinterpreten. No estoy en contra del avance de los pueblos. No estoy en contra del desarrollo (sustentable), porque es el desarrollo (sustentable) el que trae mejor calidad de vida para nuestra gente...

Sin embargo, si miramos las cifras, deberíamos entrever que, al menos en Chile, (casi)todos somos culpables de la repartija... tal vez unos más que otros. Con todo, no considero condenable el deseo de una persona de surgir, ni de mejorar la calidad de vida (y por ende la comodidad) suya y de su familia. Si esa persona opta por mayor conciencia, bien, si no lo hace, pues no la culpo.

Y pienso en el porqué de todo esto...

Alguna vez alguien inventó que Dios mismo le había asignado poder y le había nombrado como su representante en la tierra, y que era dueño de ella, incluso de los que vivían en ella. Y se impuso por la fuerza y todos le creímos... y hasta el día de hoy, valoramos los metalcitos marcados y los papeles con monitos.

No pretendo iniciar una revolución destructiva... no tengo nada en contra de los papeles con monitos que tanto valoramos. Y es que somos nosotros los que los validamos, nosotros somos los que aceptamos esta repartija injusta que alguien hizo alguna vez, como si fuera un designio divino. Hasta yo misma pienso que el comunismo, la repartija original más justa de todas, es utópica. Tal vez no sea tan así, como planteó Arrate hace poco, la cuestión está en organizarnos y en querer. No hay riqueza distribuída divinamente... ojalá algún día cumplamos el sueño de revelarnos contra todo esto.

Esta es la humanidad de la que me avergüenzo

Adjunto algunas cifras impactantes:

- Mientras que el 20% de la población mundial detenta el 90% de las riquezas, más de 1.000 millones de seres humanos viven con menos de un dólar al día, y 2.800 millones, es decir, cerca de la mitad de la población mundial, viven con menos de 2 dólares al día.
- 448 millones de niños y niñas sufren desnutrición y en África subsahariana, una persona de cada tres sufre hambre crónica.
- Un niño de cada cinco no tiene acceso a la educación primaria y 876 millones deadultos son analfabetos, de los cuales dos tercios son mujeres.
- El 80% de las personas refugiadas son mujeres y niños.
- Cada día, 30.000 niños de menos de 5 años mueren de enfermedades que podrían haber sido evitadas y en los países en desarrollo, un niño de cada diez no llegará a cumplir los 5 años.
- Más de 500.000 mujeres mueren cada año durante el embarazo o en el parto.
- 42 millones de personas viven con el VIH/SIDA, de las cuales 39 millones viven en países en desarrollo. En África Subsahariana es la principal causa de fallecimiento y en 2020, algunos países africanos podrían haber perdido la cuarta parte de su población activa por el virus.
- Más de 1.000 millones de personas no tienen acceso a agua salubre y en África Subsahariana, cerca de la mitad de la población no tiene acceso al agua potable.
- 2.400 millones de personas se ven privadas de instalaciones sanitarias satisfactorias.

Y al mismo tiempo, los magnates de la revista Forbes , los pleonéxicos [ver anexo final], acaparan la riqueza del resto sin motivo relevante, por el único afán de acumular poder y más poder. Cuándo tus hijos turistean en el espacio, y TODOS los tuyos son ricos, ¿qué más te queda? ¿qué haces? ¿te comes la plata? ¿te compras la felicidad? ¡Ta' mal pelao' el chancho, ¿ah?!

¿Quién es el culpable? ¿Dios y su libre albedrío? No, somos nosotros; la humanidad y su asqueroso egoísmo.

Y sí, somos todos culpables; los "activos" (que acaparan inescrupulosamente) y los "pasivos" (los que aceptamos el sistema y nos liberamos de culpa... por no trabajar, por no movilizarnos, por no solidarizar).

Yo misma tengo la culpa. Y eso que no tengo "donde caerme muerta", y es que la pobreza, como dije, no es la misma en todos lados... reconozco, con humildad, que me como la comida de otro y que no hago nada por esta injusticia que nos oprime.

Éste, señores, es el mundo en que vivimos... ¿acaso no les da asco como a mí? ¿acaso no preferirían, como yo, vivir en la ignorancia antes que conocer esta realidad y no hacer nada? Se me cae la cara de vergüenza... conozco y vivo, vivo como siempre.


Carla, la que quiere postergarse para amar.

Nota: Los datos citados han sido extraídos de materiales publicados por la organización de Naciones Unidas.

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Anexo: Pleonexia

Pleonexia o pleonexy. It roughly corresponds to greed, covetousness, or avarice, and is strictly defined as "the insatiable desire to have what rightfully belongs to others", suggesting what Ritenbaugh describes as "ruthless self-seeking and an arrogant assumption that others and things exist for one's own benefit"

William Barclay describes pleonexia as an "accursed love of having", which "will pursue its own interests with complete disregard for the rights of others, and even for the considerations of common humanity". He labels it an aggressive vice that operates in three spheres of life. In the material sphere involves "grasping at money and goods, regardless of honour and honesty". In the ethical sphere it is "the ambition which tramples on others to gain something which is not properly meant for it". In the moral sphere, it is "the unbridled lust which takes its pleasure where it has no right to take".

In discussing the philosophy of Aristotle, who insisted in his Nicomachean Ethics that all specifically unjust actions are motivated by pleonexia, Kraut discusses pleonexia and equates it to epichairekakia, the Greek version of schadenfreude, stating that inherent in pleonexia is the appeal of acting unjustly at the expense of others.